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«I’m not there»: El inaprensible Bob Dylan

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«I’m not there»: El inaprensible Bob Dylan

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«I’m not there» no es una película fácil, en su registro de las múltiples facetas, connotaciones y consecuencias que la irrupción de Bob Dylan supuso en la música del último siglo. Una película muy arriesgada y experimental.

Todd Haynes retoma en «I’m not there» el tema que vertebró su tarjeta de presentación, aquella «Velvet goldmine» (1998) que se asomaba al nacimiento del fenómeno glam a través de la historia de un trasunto de David Bowie; sólo que esta vez lo hace en versión corregida y aumentada, con una ambición mayor que puede hacer que el espectador se debata por momentos ante la duda de si se encuentra ante una locura sin pies ni cabeza, o ante una propuesta rayana en el genio que busca retorcer los límites de la narración cinematográfica para elaborar algo lo más parecido posible a un ensayo, algo que pretende ir más allá del documental o del biopic, a pesar de utilizar, a su modo, elementos de ambos géneros.

Y es que el objetivo, esta vez, es Bob Dylan, o lo que viene a ser lo mismo: el registro de las múltiples facetas, connotaciones y consecuencias que la irrupción de una de las vacas sagradas de la música del último siglo tuvo en un momento ya de por sí convulso, las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, cuando las ilusiones daban paso a los horrores y estos a nuevas ilusiones y a nuevos horrores… y así, sin solución de continuidad. Y es por eso que el Bob Dylan que aparece en pantalla no se llama Bob Dylan, tiene varios nombres y es incorporado por seis actores diferentes, no todos adultos, no todos hombres, no todos cantantes… no todos, ni siquiera, blancos. Porque aquí sólo aparecen los datos biográficos justos, ni siquiera necesariamente reales, para demostrar la tesis principal: que Dylan es, como pocos, el artista que marca el eje del siglo, sus contradicciones y hallazgos, sus puntos débiles pero también su capacidad para hacer grandes cosas. Y la única duda es si de todas esas perspectivas surge una suma cero o si, como más bien sugiere la cinta, nos encontramos ante uno de los mayores talentos de todos los tiempos, hasta el punto de que la calidad musical es tan sólo uno de los baremos con los que puede medirse su genio.

Queda claro, pues, que «I’m not there» no es una película fácil: esto no es «Ray» (Taylor Hackford, 2004), no es «En la cuerda floja» (James Mangold, 2005), ni siquiera es «Velvet goldmine», por más que el segmento londinense, el interpretado por Cate Blanchett, parezca convertirse en precedente de lo que nos mostraba aquella. Y no es una cinta divulgativa: es esta una propuesta para entendidos, para dylanmaniacos que no sólo alberguen en su discoteca un escueto grandes éxitos, sino que hayan escuchado su discografía completa, hayan leído sus libros, visto sus escasas incursiones cinematográficas, conocido los vericuetos de su vida privada. «I’m not there» es una película única, un ejercicio de experimentalismo que pone la narrativa contra las cuerdas, que exige del espectador que encaje unas piezas que pretenden sugerir más que exponer, señalar más que afirmar. Reconstruir, en definitiva, el proceso que fabrica a los verdaderos mitos, el de aquellos bien escasos que transfiguran su persona real para proyectar imágenes tan intangibles como puede llegar a ser esta película, uno de los bocados de libertad más absolutos que nos hayan llegado, aunque sea con retraso, a nuestras pantallas.

Una operación, en definitiva, que contiene un cálculo tan al filo de riesgos y virtudes que su resolución, inevitablemente, dejará fuera a muchos espectadores. Pero lo que no se puede negar es que Haynes, como ya demostrara en «Lejos del cielo» (2002), está empeñado, más allá de datos y relatos lineales y concretos, en atrapar el espíritu de unas décadas apasionantes. Tanto es así, que cabe preguntarse quién podría, siquiera de lejos, acercarse a proyectar una sombra tan alargada como la de este Dylan apenas entrevisto, el contenedor de un misterio que parece más inabarcable cuanto más se intenta penetrar en él.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Escenas de «I’m not there» – Copyright © 2007 Killer Films, Endgame Entertainment, John Wells Productions, John Goldwyn Productions y VIP Medienfonds 4. Fotos por Jonathan Wenk. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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