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Críticas

«Independence Day: Contraataque». Pitas, pitas, pitas…

Hace veinte años, la primera invasión alienígena pudo considerarse incluso un fenómeno de dimensiones colosales para el momento, aunque no era una gran película. La secuela tampoco lo es, y el nuevo contexto industrial la convierte en una-más-del-verano.

Veinte años han pasado desde que los alienígenas intentaran dominar nuestro planeta. Dos décadas de tranquilidad en las que América, las más grande y mejor de todas las naciones, ha vivido en paz con el resto de pueblos, credos y tendencias después de aquella terrible amenaza… que se repite ahora, dos decenas de cuatros de julio después. Malditos bichejos galácticos. En un contexto industrial hiperbólicamente confrontado al que presentaba Hollywood a mediados de los 90, Roland Emmerich, El Destructor, la toma de nuevo con nuestro globo -a partir del suyo mental propio- en «Independence Day: Contraataque», gominola de verano que mantiene el nivel de su predecesora: entretiene siempre que no se piense en otra cosa mientras se ve, y punto.

Independence Day: Contraataque

«Dios mío». Es curioso cómo el paso del tiempo ha engrandecido la primera entrega de lo que ahora se presenta como descaradísima franquicia. Al margen de su irregularidad, aquella estruendosa aventura fue todo un fenómeno en su momento, una muestra de colosalismo mainstream jamás visto hasta entonces, pero ese contexto industrial actual al que aludíamos antes convierte esta continuación en un pasatiempo volátil, en una película de verano más, y sin más. Bien producida, rápida, dinámica, tontorrona, chillona, nula en su poso argumental, fan fatal de sí misma y su autoimpuesto legado, la película se sostiene desde la honestidad de Emmerich, que a pesar de su hinchazón habitual no busca más que entretener a la chavalada con una aventura incluso inocente en su planteamiento nostálgico/ultrarevolucionado.

Independence Day: Contraataque

Con un sentido del humor imposible, unos ramalazos humanistas también imposibles -como en toda la obra del cineasta alemán en su modo destruction derby– y un amor por el kitsch apocalíptico catártico de ayer, hoy y siempre, «Independence Day: Contraataque» se beneficia de no tener a Will Smith, de recuperar a Bill Pullman -sorprendentemente robinwilliamsizado-, Jeff Goldblum -poco sexy para lo que podría ser- o los ya megaveteranos Brent Spiner o Judd Hirsch, que en realidad son quienes más disfrutan con este desparramo artificioso pero escasamente dañino. Hay jovenzuelos, sí, pero tienen tanto carisma como se espera de ellos: ninguno. En realidad, lo único que hay que plantearse es qué puñetas quieren los marcianos de un planeta como este, que celebra su destrucción palomitera cada vez que puede pero luego no se deja ocupar. Ay, el ser humano…

Calificación: 5/10

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