“Io sono l’amore (Yo soy el amor)”: Una ensaladilla rusa de afectos

Escrito por el 27.05.10 a las 11:49

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A pesar del preciosismo y pulcritud con que comienza, “Io sono l’amore (Yo soy el amor)” acaba desembocando en lo inverosímil, lo explícito y lo enfático. Tilda Swinton sostiene este drama familiar que carga en exceso las tintas.

Nieva sobre Milán, y una familia de clase alta se prepara para la cena de cumpleaños del abuelo, patriarca y creador de una floreciente fábrica textil… que ahora quiere nombrar sucesor. Elegancia, protocolo y clase para una vida que pronto se revelará hueca, con almas de acero tan frías como el ambiente que se respira o como esas esculturas de piedra en las que se posa la cámara. Todos buscan la felicidad pero esconden misterios y deseos reprimidos… hasta que la olla de los sentimientos estalla y se desencadena una auténtica tragedia griega. Aunque sería mejor decir “tragedia rusa” porque Emma, la nuera del patriarca, es en realidad una mujer rusa italianizada por su marido Tancredi cuando la tomó por esposa. Ella se convertirá en confidente para cocinar una ensaladilla de afectos y en espoleta para volar por los aires la aparente felicidad familiar.

Lo de ensaladilla rusa viene muy a cuento porque la cocina es una de las debilidades de Emma —como lo será Antonio, buen cocinero y amigo íntimo de su hijo Edo— y porque la familia Recchi es un verdadero cóctel sentimental, donde quien no busca el afecto que le falta, lo hace en una relación lésbica o en el amante que viene a despertar sensaciones dormidas. Son seres que han crecido al amparo de la costumbre y de la buena imagen, elementos de una estructura carcomida y falsa que antes o después ha de venirse abajo. En “Io sono l’amore (Yo soy el amor)”, Luca Guadagnino hace una dura radiografía de la familia burguesa en la que apenas hay amor y comunicación, y también una crítica de la educación moral de los sentimientos… a los que debe darse rienda suelta si se quiere alcanzar la felicidad.

El primer tercio de la película en Milán sabe generar un clima de corrección y pulcritud familiar —preciosista puesta en escena y movimientos de cámara, al estilo de Visconti— a la vez que enseña con sutilidad las rendijas por las que se vislumbran secretos e insatisfacciones. Son momentos en los que hasta un par de pasajes surrealistas contribuyen a ese ambiente de tensión… cuyo estallido se ve venir. El espectador adivina la dirección que tomará cada uno de los hijos y la propia Emma. Sin embargo, cuando la cámara se traslada a San Remo se pierde toda la atmósfera para caer en lo inverosímil, en lo explícito y en lo enfático. No convence la relación sexual que estalla entre Emma y el cocinero, porque falla el personaje de Antonio, increíble en cada aparición —más aún en el doblaje— y mal dibujado en un guión que no lo cuida ni desarrolla. Lo explícito de esa desbocada pasión y la metáfora sexual de flores e insectos pecan de solemnidad, lo mismo que alguna escena afectada como la del plato de langostinos, mientras la música enfática subraya en demasía.

Excesos al cargar las tintas en la vaciedad de una familia aparente y una trama financiera con escala en Londres que no funciona. Menos mal que Tilda Swinton es quien da vida a Emma y quien acaba sosteniendo este drama familiar… que no a la familia. Su trabajo permite ver la mujer que fue hasta quedar abducida en una sociedad vacía, su mirada refleja cierta alegría pero también envidia cuando sus hijos le manifiestan sus proyectos y afectos, y su rostro muestra ese mundo interior que a veces se le escapa en forma de pensamientos o sueños imposibles. La historia vista desde sus ojos —incluso su romance con Antonio, en medio de la soledad— gana enteros, aunque el guión parece haberse centrado sólo en ella y no en sus relaciones con el resto de secundarios: si Antonio no estaba bien caracterizado, tampoco lo está su idealista hijo Edo, ni un Tancredi con una reacción final que choca demasiado… hasta el punto de tener que ser sostenida por la insistente banda sonora. Con todo, el cine italiano nos deja una ensaladilla rusa de afectos, entre la frialdad y la desorientación de una familia en decadencia, con gran ampulosidad de formas y un pobre dibujo de personas y personajes.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Yo soy el amor” – Copyright © 2009 Mikado Film, First Sun, Rai Cinema, La Dolce Vita Productions y Pixel DNA. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.



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