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«Kick-Ass: Listo para machacar». El complejo de Wertham

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«Kick-Ass: Listo para machacar». El complejo de Wertham

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Una delicia ejemplar en la inteligencia con la que adapta, disfrutable en su brío ciclónico. «Kick-Ass: Listo para machacar» conserva la esencia del original y reconcilia el divertimento cafre y la acción incansable.

En 1954, Fredric Wertham publicaba su tratado «La seducción del inocente», en el que hablaba de las supuestas influencias nocivas de los medios, en general, y los cómics, en particular, en la educación de los más jóvenes. El estudio tuvo consecuencias demoledoras para el mercado e incluso sería germen del llamado «complejo de Superman» en el campo psiquiátrico. Este hecho, que se menciona en el prólogo del comic-book que recopila la serie escrita por Mark Millar y dibujada por John Romita Jr., encierra la hermosa motivación para ser y reivindicar de «Kick-Ass», felizmente trasladada a la pantalla: los cómics como inefable e infinita cultura, la necesidad de ser un fan indómito y alimentarse de viñetas y fantasías de justicia, la anulación de la culpa mediática a cambio de la restauración de la responsabilidad del individuo.

«Kick-Ass: Listo para machacar» es una espléndida adaptación del original en papel porque esta es ante todo esencial, entendedora de su espíritu. Nada que ver, pues, con lo que la aparatosa y moralista «Wanted (Se busca)» (Timur Bekmambetov, 2008) hizo de otro de los trabajos imprescindibles de Millar. La película de Matthew Vaughn parte de una osadía igual a la de su referente al tiempo que reconcilia el divertimento cafre y la acción incansable como sus valores máximos, lo que se traduce en un humor malsano tan contagioso como en las viñetas y en elaboradas secuencias de acción que corrigen y aumentan las de aquellas. Su fidelidad, en definitiva, no tiene tanto que ver con el calco (que también, en escenas concretas), sino con la síntesis y la modulación al medio, pero aun sus mayores desvíos son perfectamente legítimos cuando sólo suponen un grado menos en la humillación de su protagonista (la relación de Dave con su compañera de instituto) o una reafirmación del discurso a propósito de la pornografía de la violencia (la tortura a Kick-Ass y Big Daddy frente a la cámara).

Suerte de cruce entre estéticas post-«Watchmen» (Zack Snyder, 2009), de la serie «Viewtiful Joe» y el dibujo ultraviolento, realista de John Romita Jr., esta adaptación puede presumir de una caligrafía visual impecable en la que cabe un pasaje literalmente cómic (la historia de Big Daddy y Hit-Girl) u otro directamente extraído de un shooter (la intervención salvadora de Hit-Girl en modo visión nocturna).  Tampoco echarán de menos los devotos del original su alma irrevocablemente fan (menciones a «Perdidos» o a John Woo, entre otros) ni el subrayado de la importancia de MySpace o Youtube en la vida diaria del nuevo superhéroe de a pie. «Kick-Ass: Listo para machacar» es una delicia ejemplar en la inteligencia con la que adapta, disfrutable en su brío ciclónico a ritmo de Prodigy, Sparks o Ennio Morricone, y colmada de actores pletóricos, desde unos prometedores Aaron Johnson y Chloë Grace Moretz a unos del todo gozosos Nicolas Cage y Mark Strong. Una auténtica joya.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «Kick-Ass: Listo para machacar» – Copyright © 2009 Marv Films y Plan B Entertainment. Fotos por Dan Smith. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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