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La Academia deja de mirar a la taquilla

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La Academia deja de mirar a la taquilla

Tras la triple metedura de pata en los prolegómenos de los Goya —el affaire de los cortos y de la música original, y la supresión de los premios al cine europeo—, la Academia se encaminaba hacia otro precipicio en la gala de entrega de premios. Algunas de las candidaturas habían levantado más de una suspicacia —véase la cantidad de nominaciones de “Las 13 rosas”, o las de “Oviedo Express” y “El Prado de las Estrellas”—, y parecía mirar hacia otro lado obviando unos resultados de taquilla sonrojantes. Por eso, su presidenta, Ángeles González-Sinde, se cuidó en la ceremonia en subrayar cómo el cine español era sólido (¿?) y sí caminaba «a alguna parte», en un guiño al fallecido Fernando Fernán-Gómez. Pero tendríamos que preguntarnos a qué parte se dirige, y dónde se asienta su solidez. Es necesaria mucha más autocrítica y menos excusas sobre la invalidez de la taquilla para medir la salud del cine, sobre la preferencia del espectador por verlo en el sofá de su casa. Porque es evidente que ante una buena película, la gente irá a verla a la sala, como siempre ha hecho; y ante una película mediocre… pues en el mejor de los casos esperará a verla en el calor del hogar cuando salga en DVD.

Pero afortunadamente, los académicos fueron coherentes con esa máxima acerca de que el cine no sólo se mide en la taquilla, y dieron a Jaime Rosales y a “La soledad” los dos principales galardones: mejor película y director. Bien merecidos se los tenía, y no hubieran estado de más otros Goya —aparte del mejor actor revelación que recibió José Luis Torrijo— como los de montaje (qué habrán visto a “[Rec]” en este apartado, cuando se apoya fundamentalmente en el plano secuencia) o alguna interpretación femenina. Una cinta de bajo presupuesto y lejos del gusto de un público cómodo, arriesgada y original, triste pero honesta, con personalidad y sin complejos hacia lo extranjero. Del resto de premios, pues más o menos bien: enhorabuena a Maribel Verdú, a Alberto San Juan, a Roque Baños, a José Luis Alcaine… y, por supuesto, a Juan Antonio Bayona por «El orfanato», a quien no le podemos negar su mérito y buen hacer, y del que esperamos grandes cosas. Nos hubiera gustado ver un Goya al cine europeo —igual lo han quitado por carecer de tirón para traer a la Gala a los responsables (¿?)— y también algún reconocimiento a Icíar Bollaín y a José Luis Garci, que tampoco merecían irse de vacío en algún apartado de interpretación o técnico. Sin embargo, en esta recta final es justo reconocer a la Academia que ha rectificado el rumbo y ha acertado, que ahora sí ha apostado verdaderamente por el cine español sin dejarse llevar por la taquilla, por las amistades o por lo políticamente correcto. Incluso José Corbacho estuvo simpático y comedido, dentro de su estilo gamberro y un tanto provocador, aunque todo pareciera reciclado.

En la imagen: Escena del rodaje de «La soledad» – Copyright © 2007 Wanda Visión, Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

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