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«La boda de Rachel»: Anne Hathaway en busca del Oscar®

Críticas

«La boda de Rachel»: Anne Hathaway en busca del Oscar®

Algún malpensado podría llegar a sospechar que Anne Hathaway está buscando una nominación al Oscar® siguiendo, paso por paso, el procedimiento oficial para hacerse con una de las preciadas estatuillas: papel dramático en las antípodas de lo glamuroso, preferiblemente de corte independiente y que suponga un cambio de registro radical respecto a lo que ha acostumbrado al público. Pues bien, antes todo hay que decir que el vehículo que Jonathan Demme le ha regalado con “La boda de Rachel”, en lo que supone la vuelta del director de “El silencio de los corderos” a la ficción tras una etapa dirigiendo documentales, cumple a la perfección estos requisitos, por lo que no nos extrañaría ver el nombre de la ex “Princesa por sorpresa” formando parte del cuadro de nominados a la próxima edición de los premios de la Academia. Sin embargo, ello no eclipsaría lo que, a su vez, resulta una verdad igualmente evidente: que “La boda de Rachel” es una estupenda película.

Lo es, en gran parte, porque descansa en un soberbio guión firmado por Jenny Lumet, la hija del gran Sidney y, visto lo visto, heredera de gran parte de las mejores virtudes de su padre. Con una realización espartana, que muchos enlazan con el movimiento Dogma (si bien no cumple estrictamente las condiciones que lo caracterizaban), pero que en realidad bebe de toda una tradición de cine que tiene en nombres como John Cassavetes sus estandartes, la película nos relata un fin de semana en el que una modelo (el personaje de Hathaway) abandona la clínica de rehabilitación en la que ha tratado su alcoholismo (sólo la última de las adicciones que han ido jalonando su vida) para asistir al enlace de su hermana (Rosemarie DeWitt). En el reencuentro familiar aflorarán todas las tensiones y secretos albergados en una familia destrozada, en la que cada uno de sus miembros ha intentado sobrevivir como ha podido, en la mayor parte de los casos desentendiéndose del resto (como la madre, gran papel de la recuperada Debra Winger), y donde los sentimientos están tan a flor de piel que apenas necesitan un pequeño impulso para emerger con una fuerza incontenible.

Un material que en manos de cualquier indocumentado habría dado lugar a un soporífero y lacrimógeno telefilm, pero que con la habilidad de Demme da lugar a un universo cerrado al que el espectador se ve invitado para convertirse en uno de los asistentes. Así, de la misma manera que los invitados graban con sus cámaras o inmortalizan con fotos lo que ven, nos encontramos ante una discusión personal de la que todo el mundo termina enterándose por la sencilla razón de que la casa se encuentra abarrotada, condiciones en las que guardar un secreto acaba siendo poco menos que imposible. Que nos sintamos involucrados en lo que vemos consiste en que, de hecho, la mayoría de los invitados a la boda son amigos del propio realizador (incluido su mentor, el mítico Roger Corman), entre ellos un gran número de músicos que con sus ensayos y temas interpretados en directo van enmarcando lo que se nos narra.

El principal mérito del director es que, lejos de convertirlo en una mera y gratuita reunión de amigos en la que nos sentimos excluidos (como sucedía con la lamentable escena de Caetano Veloso en “Hable con ella”, de Pedro Almodóvar), logra transmitir una sensación de realidad y verdad que da sentido al carrusel de emociones al que asistimos. Y si, además de eso, Anne Hathaway demuestra que es una actriz a tener muy en cuenta, está claro que el resultado sólo podía ser el que tenemos ante nosotros: una gran película.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Escenas de «La boda de Rachel» – Copyright © 2008 Sony Pictures Classics, Clinica Estetico Productions y Marc Platt Productions. Fotos por Bob Vergara. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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