Síguenos

«La Caja de Pandora»: Perdidos en su pequeño y confortable mundo

Críticas

«La Caja de Pandora»: Perdidos en su pequeño y confortable mundo

Duro drama humano en el que la esperanza parece haberse quedado dentro de la Caja de Pandora. Una planificación y un guión cuidados llevan al espectador a su propio viaje a través de una historia de personajes llena de sentimiento y verdad.

En la Grecia clásica, la Caja de Pandora escondía todo género de males y desgracias humanas. En la película que dirige Yeşim Ustaoğlu, es en una familia turca donde se alojan tensiones y miedos, donde la desaparición de la abuela Nusret sacará a flote la desorientación de tres hermanos que viven huyendo de la soledad y abandonados al vacío existencial. El fantasma de un padre ausente sobrevuela desde su infancia, y la inquietud e insatisfacción emocional se transmiten ahora hasta el joven Murat, necesitado también de aire para respirar. «La Caja de Pandora» es la historia de un fracaso familiar en el que nadie quiere parecerse a su padre y no hay suficiente cariño para cuidar a una madre con Alzheimer, o en el que la desconfianza deriva fácilmente en acusación o vigilancia. Al final, todos buscan una felicidad que les es esquiva y huyen de un entorno agobiante para acabar encerrándose en sí mismos.

Ampliar imagen

El prólogo con la anciana recogiendo unos frutos en su casa de campo, entre el canto del gallo y los mugidos de las vacas, marcan la seña de autenticidad y naturalidad, de realismo y humanidad en que se va a mover toda la cinta. Un realismo intimista con personajes interiormente complejos y de expresividad sobria y contenida, que tiene su refrendo en la escena en que los tres hermanos hacen el viaje en búsqueda de la madre perdida —aunque en realidad sean ellos quienes deberán encontrarse a sí mismos—, con parada y fonda en un hostal campestre, y donde saltan las primeras chispas y conflictos de un pasado sin cicatrizar. Más tarde, la cámara de la directora se posará en cada uno de ellos para mirar a esa periodista preocupada por la escasa solicitud que encuentra en su amante, a esa madre posesiva que vive crispada con el temor a ser abandonada por su marido o a perder a su hijo, o a ese «parásito» asocial que se evade de la cruda realidad con alguna que otra droga.

Ampliar imagen

Atmósferas sin afecto y llenas de egoísmo para una anciana que empieza a perder la cabeza, pero que conserva suficiente lucidez para decir algunas verdades y buscar la senda de la felicidad, porque «ella conoce muy bien el bosque» y no se encuentra a gusto en la ciudad deshumanizada: al final, una magnífica metáfora de resonancias japonesas —«El bosque del luto» y Naomi Kawase son un referente entre muchos— para hablar de la muerte, con un nieto que mira lloroso a su abuela mientras se aleja y le pide que «le deje marchar», con una cámara que traza un elocuente y sutil travelling de ascenso a la montaña. De ritmo pausado pero sin atascos, con las palabras justas para no perturbar las sensaciones, con escenas duras en su dramatismo pero entrañables en su humanidad, así transcurre esta crónica familiar que tiene momentos para la ternura —basta ver a la abuela y al nieto sentados en el banco frente al puerto, o mientras comen juntos un bocadillo— y también para el dolor —la breve visita a la residencia de ancianos no puede olvidarse fácilmente—, pero nunca para el humor y la alegría.

Ampliar imagen

Hay emoción contenida en las escenas de Nusret y su nieto Murat, entre quienes se da la especial e íntima conexión de dos almas que querrían ser «secuestradas» para volver al pueblo. Allí la fotografía llena de luz y calidez deja un lugar a la esperanza, algo que falta en el resto de una película que se desarrolla en ambientes fríos y distantes. En ese entramado de relaciones, resulta curiosa la actitud de Nesrin, mujer que quiere que todos se peguen a ella —ya desde el parto, le dirá su madre Nusret— pero que no ha sabido transmitir cariño a su marido ni a su hijo, lo mismo que la falta de compromiso de su hermana Güzin o la huida del outsider Mehmet: toda una generación perdida, incapaz de lavar la ropa sucia de su madre enferma ni de perdonar al padre que les abandonó. Un trío de personajes muy bien interpretados, lo mismo que Onur Ünsal en el papel de Murat, o Tsilla Cheltonmejor actriz en San Sebastián— como la anciana Nusret.

Ampliar imagen

Cine de calidad para un duro drama humano en el que la esperanza parece, sin embargo, haberse quedado dentro de la Caja de Pandora, pues a su directora casi se le olvida sacarla a relucir, a pesar del toque poético final que quizá permita atisbarla. Un guión bien estructurado y una cuidada planificación para que el espectador haga su propio viaje a través de una historia de personajes llena de sentimiento —sin sentimentalismo— y verdad, triste pero auténtica: rincones del actual Estambul y entornos trasladables a cualquier lugar para hablar de esa búsqueda de la felicidad y de su fragilidad, de la memoria y del abandono familiar, y también de una sociedad alienada y desorientada —precisa metáfora la del Alzheimer— que camina sin conocerse ni comprenderse. Obtuvo la Concha de Oro como mejor película en el último festival de San Sebastián.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «La Caja de Pandora» – Copyright © 2008 Ustaoğlufilm Istanbul, Silkroad Production, Les Petites Lumières, Stromboli Pictures, The Match Factory, ZDF y Arte. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Novedades destacadas

Guía de películas

A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z 1
Subir