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«La decisión de Anne»: Hermanas de sangre… y de lágrimas

Críticas

«La decisión de Anne»: Hermanas de sangre… y de lágrimas

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La estructura del guión, con cambiantes puntos de vista, ofrece un interesante inicio y evita mensajes preconcebidos y maniqueísmos. «La decisión de Anne» es un drama lacrimógeno realizado con corrección, sin trampa ni cartón.

La leucemia de Kate empujó a sus padres, los Fitzgerald, a someterse a la fecundación in vitro y tener otra hija que pudiera ser donante para su hermana y salvarle la vida. Así han vivido once años, pero ahora la pequeña Anne se muestra harta de «ser utilizada» y se niega a darle un riñón… con lo que acude a los juzgados pidiendo la emancipación médica de sus padres. El drama está servido en la trama central, y también en las secundarias, pues no faltan otros enfermos de cáncer, madres que pierden a sus hijos y enamorados que tratan de encontrar una explicación al dolor y a la muerte. La propuesta de Nick Cassavetes comienza como una película para el debate con toda una serie de cuestiones de bioética sobre ingeniería genética, el ensañamiento terapéutico o la utilización de órganos (de un menor o de un «bebé medicamento») para fines terapéuticos, a la vez que aborda la educación sentimental en una familia tan marcada por la enfermedad o la percepción de quien siente no haber sido deseada por sí misma en su gestación. Sin embargo, todo queda pronto invadido e inundado por la lágrima fácil, y la cinta deriva hacia el melodrama familiar más sentimental y complaciente, hacia uno de esos realizados con molde americano para llorar a gusto y de continuo.

«La decisión de Anne» no esconde sus cartas al espectador porque cáncer y niños en Hollywood no pueden generar otra cosa que momentos de emoción y compasión, con dolor y amor a partes iguales cuando de lo que se trata es de mostrar cómo ambos van de la mano hasta necesitarse y confundirse (también amor y egoísmo de confunden, sin duda). Nick Cassavetes nos lo había enseñado en «John Q» y en «El diario de Noa», donde la enfermedad es oportunidad para la superación personal y la unidad familiar. Cada miembro de los Fitzgerald tiene su propia percepción y postura ante los hechos, sus motivos y reacciones… a veces expuestas con vehemencia y otras discretamente ocultadas: en cada uno se da el amor en sus muchas manifestaciones, y no costará entender el silencio de un padre que mira desde una aparente distancia… hasta que explota —soberbio el arranque con la excursión a la playa—, ni tampoco la obsesión de una madre hiper-protectora que quizá haya ido demasiado lejos, la mirada callada del hermano relegado desde niño o la particular e íntima relación de esas dos «hermanas de sangre» que lo tienen todo compartido.

La estructura del guión, con esos cambiantes puntos de vista, ofrece un interesante inicio y permite que se eviten los mensajes preconcebidos y los maniqueísmos: es la decisión de Cassavetes de compartir con el espectador una manera particular de sentir, de forma que cada uno de identifique con alguno de los personajes. Son las cosas del querer y de la misma vida, que llega con sorpresas que la razón no puede entender y transforma una existencia de dolor y enfermedad en «una buena vida» por haberlo compartido todo, como acaban descubriendo. Muchas bazas para la emoción y escenas para llorar sin tapujos —como antes de salir para el baile del hospital o en la playa, esta un tanto artificiosa— porque el director y el responsable de la banda sonora así lo han dispuesto, y porque la película está realizada con corrección, sin trampa ni cartón.

Imposible resistirse a tanta adversidad y a tan buena cara como se le pone a la tragedia: magnífico maquillaje para Sofia Vassilieva como Kate, y un acierto de casting en una Abigail Breslin ya crecida y cuyo rostro aporta toda la complicidad de niña buena y pícara. Cameron Diaz hace un buen papel, con los arrebatos de una madraza pasional, mientras que Jason Patric permanece en una actitud contenida para expresar lo que va por dentro. Más dudosas son las inclusiones en el guión de los dramas personales de la jueza y del abogado, un tanto forzados y excesivos (el ataque epiléptico, por ejemplo), pero se trataba de no dejar de sollozar, mirase donde mirase el espectador. También podrían haberse evitado esos saltos temporales al pasado, convencionales aunque bien resueltos, porque lo sucedido antes de la decisión de Anne se adivina con facilidad.

Una película para el debate y para sensibilizarse, para ir al cine con un pañuelo grande y quedarse leyendo los títulos de crédito finales mientras se remansan tantos sentimientos dulces y también dolorosos. Temas con enjundia que quedan disueltos con mucho sentimiento lacrimógeno en un intento por contentar a todos, porque la decisión de Cassavetes es ofrecer «un pedacito de cielo azul», y la de Anne es… Prepárense quienes vayan a verla.

Calificación: 6/10

En las imágenes; Fotogramas de «La decisión de Anne» – Copyright © 2009 New Line Cinema, Mark Johnson Productions, Curmudgeon Films y Scott L. Goldman. Fotos por Sidney Baldwin. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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