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«La deuda»: La difusa condición del héroe

Críticas

«La deuda»: La difusa condición del héroe

“La deuda” recupera el thriller político de los setenta con elegancia, buenos actores y más solemnidad de la necesaria. Una película correcta que podría ser mucho mejor, algo habitual en el cine de John Madden.

Puede que se haya vuelto una letanía habitual decir que el cine de Hollywood renunció hace tiempo a los guiones y las historias, pero lo cierto es que, como un goteo, llegan a nuestra cartelera títulos empeñados en demostrar lo contrario. Y no por casualidad, suelen tratarse de películas que recuperan géneros cultivados antaño y que basaban más su potencia en una buena construcción y en las ajustadas interpretaciones de sus actores.

Uno de esos géneros es el thriller político, que tan buenos resultados dio en décadas como la de los setenta, y que Steven Spielberg, ese hábil recuperador de códigos sólo aparentemente pasados de moda, devolvió a primera línea con su soberbia «Munich» (2005). De hecho, es fácil encontrar los nexos que unen aquella con «La deuda» (ver tráiler), pero a la vez tienen personalidades distintas. Ambas edifican relatos que contribuyen a conexionar una comunidad —en ambos casos, el estado israelí—, y de cómo la condición de héroe suele moverse en un terreno de arenas movedizas en el que las cosas no suelen ser como parecen, por lo que nadie tiene interés en revisar lo que realmente ocurrió en los márgenes difusos de la historia.

En «La deuda», el joven comando del Mossad enviado al Berlín oriental de 1965 para localizar, detener y llevar a su país a un despiadado criminal nazi —el ‘cirujano de Birkenau’, trasunto del doctor Mengele e interpretado por un sensacional Jesper Christensen, que sabe expresar todos los matices, incluida la perversa fascinación del monstruo— no sólo sentirá encima la presión inevitable en cualquier acción de los espías en tierra hostil, sino la de todo un país que lucha por ajustar cuentas con un pasado de exterminio. Cualquier fallo no es sólo un contratiempo, sino toda una deshonra para sus contemporáneos y sus antepasados: muchos de sus familiares murieron a manos de los nazis en la gran hoguera del Holocausto. Por eso, cuando las cosas no salen como debieran, se impone una ley severa que les marcará durante tres décadas, la de que existen dos verdades: la real y la histórica, y ésta suele enarbolar razones más contundentes.

La película, pues, habla de un remordimiento, de un peso vital. Por eso, oscila todo el tiempo entre los meses de la operación y 1997, cuando un hecho inesperado vuelve a poner en contacto a los tres miembros del comando. Y aunque uno tiene la sensación de que en realidad el filme despide más solemnidad de la necesaria, al final queda la impresión de haber visto una narración de ritmo elegante, con unos actores en estado de gracia y un diseño de producción que sabe amueblar el suspense y la acción sin caer en los excesos de la era post-Bourne. Sobre todo, destaca un reparto que trata de representar a unos personajes en dos momentos diferentes de su vida: Jessica Chastain, Sam Worthington y Marton Csokas saben perfectamente cómo sostener la mirada de tres nombres tan potentes como Helen Mirren, Ciarán Hinds y Tom Wilkinson. Mención especial merece Chastain, a punto de estrenar «El árbol de la vida» (Terrence Malick, 2011) y que muestra sus cartas para advertirnos que estemos atentos a esta pelirroja: tiene madera de estrella. Sólo por eso, esta cinta, que en realidad es sólo correcta cuando podría ser mucho mejor —algo habitual en el cine de John Madden, por otro lado—, merece la pena.

Calificación: 6/10


Imágenes de “La deuda”, película distribuida en España por Universal Pictures International Spain © 2010 Universal Pictures, Focus Features y Marv Films. Todos los derechos reservados.

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