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La fuerza del cariño para superar «El incidente», según M. Night Shyamalan

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La fuerza del cariño para superar «El incidente», según M. Night Shyamalan

Diga lo que diga al declarar que sólo busca hacer un cine de entretenimiento sin mensajes ni pretensiones, trabaje para quien trabaje —Disney, Warner o Fox—, cuente con grandes presupuestos o se esconda en la serie B, lo cierto es que M. Night Shyamalan siempre imprime a sus películas un aliento alegórico que trasciende la realidad inmediata que cuenta. No es que haya que echárselo en cara porque es su “universo temático” y sabe adornarlo con un envoltorio de suspense y misterio, entre el clasicismo narrativo del cine de género y la modernidad new age de una sociedad ecologista sumida en el pánico del individualismo. En su última película, el director de “El bosque” nos habla de nuevo del miedo que paraliza y aísla, del cientificismo que pretende explicar todos los fenómenos de la Naturaleza, de la incomunicación y del materialismo…, y de la familia como núcleo a partir del cual regenerar la sociedad… con la fuerza del cariño.

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Dejando de lado su calidad cinematográfica o su carácter fallido, no cabe duda que “El incidente” vuelve a poner sobre el tapete la realidad de fenómenos inexplicables y no cuantificables científicamente. Su director “incide” en el misterio de la vida, irreducible a unas cifras, estadísticas o variables aplicadas conforme a un patrón o experimento, para terminar defendiendo el poder de un gesto de afecto como “coger de la mano, de verdad” —como el padre de la niña le pide a su cuñada Alma— o la necesidad de volver a descubrir el color del amor en ese anillo “que dice lo que uno siente”. Habrá siempre quien se invente una teoría en forma de terroristas, radiaciones nucleares o toxinas naturales para explicar las catástrofes de la humanidad, pero la verdad es que el mal está en el interior del propio individuo: éste podrá aislarse como la loca anciana a quien el mundo le importa un bledo, o vivir rodeado de multitudes con las que apenas se relacione ni comunique —esos individuos que repiten una y otra vez lo mismo, sin alma ni sentido, paralizados como estatuas de sal y con sentimientos congelados—, pero en ambos casos Shyamalan nos dice que su destino será siempre el mismo, la muerte y autodestrucción por el suicidio o el asesinato.

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También el remedio queda explícito en la cinta de Shyamalan, que apuesta descaradamente por la fuerza del cariño y de la familia, y por un equilibrio en el ecosistema que comienza por el propio hombre, en quien lo espiritual no debe entrar en colisión con las manifestaciones más terrenas y materiales: es la seguridad que una mujer que duda hasta de sus sentimientos encuentra cuando se confía, y es también la recuperada armonía con un viento “enfurecido” que agita los árboles (no olvidemos tampoco que la tradición cristiana presenta al Espíritu Santo-Amor como “brisa suave”, interpretación no desdeñable para el cine de Shyamalan). Pero como el hombre sigue siendo hombre y tropezando en la misma piedra, parece que el aviso para navegantes, escépticos y desencantados no será suficiente para corregir el rumbo del barco. Toda una declaración de intenciones, bien vestida aunque demasiado obvia, mostrada sin rubor porque a este cineasta sí le interesa la cuestión moral.

En las imágenes: Escenas de «El incidente» – Copyright © 2008 20th Century Fox, UTV Motion Pictures, Spyglass Entertainment y Blinding Edge Pictures. Fotos por Zade Rosenthal. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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