Síguenos

“La gran apuesta”: Odio a mi patria

Críticas

“La gran apuesta”: Odio a mi patria

Adam McKay nos sumerge en el entorno de los seres individuales que anticiparon la catástrofe económica global que arrancó en 2008. Una película dura en sus formas estructurales pero muy divertida.

El sistema financiero USA está cerca del colapso. Faltan un par de años para 2008, pero Michael Burry (Christian Bale) ya lo está viendo venir. Como tantos otros actores a los que ha dirigido a lo largo de su carrera, Adam McKay salta de la comedia descerebrada -pero igualmente inteligente en su lisergia- a campos afines-pero-distintos con “La gran apuesta”, la historia, ya contada desde todos los formatos artísticos posibles, de cómo el capitalismo tembló -en pasado, pero los ciudadanos de a pie aún estamos pagando las consecuencias-. Lo interesante es que ahora nos lo narran de un modo distinto, desde otro enfoque comercialmente difícil pese a lo que pueda parecer viendo el plantel de la propuesta. Bien.

La gran apuesta

«Que se joda la responsabilidad». Es comedia, desde luego, pero de las que duelen a los sentidos. Porque el cineasta lanza un puñetazo al espectador desde una película atípica en su desarrollo y recursos, tremendamente fiel a sí misma -enorme montaje de Hank Corwin– y consistente de principio a fin. Imposiblemente fluida, puñeteramente entretenida, sarcásticamente honesta en sus postulados, que más o menos son los de todos. Porque aquí no hay a quién amar, pero el tono del equipo tampoco nos permite odiar; hay complejidad -aunque se pretenda esquivarla en cierto modo-, pero en realidad no hay más que lo de siempre: la maldita codicia, el primitivo impulso del hambre de poder, del hambre de dinero, de no mirar a quien tenemos al lado.

La gran apuesta

Poner a un cuarteto de actores ampliamente populares como son Bale, Brad Pitt -escaso en presencia pero productor, lo que habla nuevamente de las intenciones de la película-, Ryan Gosling y Steve Carell -fantástico, como siempre- no hace sino complicar aún más la implicación del perplejo observador en esta historia evidente pero inextricable en sus impulsos, hilarante en su desarrollo pero hiriente en su avance porque nos lleva a lo que todos estamos viviendo. Las delicias del capitalismo son, en realidad, los cimientos de la podredumbre de la sociedad moderna. Es un mal global asentado sobre la actitud de seres individuales, anónimos -en su momento-, subjetivos en su moralidad, claro, y que vieron una forma de cortar por la sano. Y, a los demás, que nos den. Pues muy bien. Que os aproveche.

Calificación: 7/10

Continue Reading
Publicidad

Estrenos de cine

Subir