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«La guerra de los botones»: Aprendiendo de los mayores

Críticas

«La guerra de los botones»: Aprendiendo de los mayores

En «La guerra de los botones», Christophe Barratier ofrece una película familiar y agradable, de factura dulce y algunos momentos emotivos y entrañables en medio de una puesta en escena algo acartonada.

En unos tiempos en los que la valentía era un valor exigido entre los franceses, unos niños imitan a sus mayores y se enfrentan en una guerra por el territorio y también en una lucha por conseguir el amor de su vida. Y es que la Francia ocupada por los alemanes en 1944 es el escenario de «La guerra de los botones» (ver tráiler y escenas), película de Christophe Barratier en la que los chicos de los pueblos vecinos de Longeverne y Velran reviven la rivalidad y odio de sus antepasados, en lo que viene a su vez a ser reflejo de un país dividido entre la Resistencia y los colaboracionistas. En la pelea infantil hay mucho de guerra psicológica y de humillación inflingida por cuanto el botín son los botones de las camisas y pantalones del enemigo, hasta que la causa judía sale a escena y todo cambia.

Como en «Los chicos del coro» (2004), Barratier nos presenta a un maestro que trata de inculcar a sus díscolos alumnos el sentido de la justicia, del respeto y otros valores humanos y de convivencia. Como entonces, una o varias historias de amor sirven para endulzar unos tiempos difíciles donde la violencia amenaza con torcer el rumbo de esos pequeños, si la tortura o la impiedad se imponen en el campo de batalla. También la banda sonora vuelve a ser crucial para el director francés, con una música envolvente y melodramática que despierta los sentimientos más tiernos y enardece el espíritu guerrero de manera tan hermosa como artificiosa. La novela homónima de Louis Pergaud fue llevada al cine por Yves Robert en 1962, y ahora Barratier ha querido ambientarla en unos momentos de ocupación donde convivían patriotismo, denuncia y persecución, aquí desdramatizados.

A la cinta le falta intensidad y resulta excesivamente blanda y sensiblera, con demasiados tópicos que hacen que la historia no encierre sorpresas, y con personajes trabajados sobre el estereotipo que pierden espontaneidad y frescura. De los adultos, sólo el padre del conflictivo Lebrac admite varias capas y tiene una personalidad definida, gracias a la buena interpretación de Kad Merad; el resto son meras comparsas, y las figuras de Simone y su ahijada o del padre de L’Aztec no tienen desarrollo alguno. En cuanto a los niños, son simpáticos y adorables en su inocente comportamiento pero su dirección no acaba de convencer, tampoco en el caso del campestre Lebrac y de la madura y urbanita Violette, jóvenes entre quienes no se da una química que haga creíble su naciente amor.

Con las mejores intenciones, Barratier nos ofrece una película familiar y agradable, de factura dulce y algunos momentos emotivos y entrañables en medio de una puesta en escena un poco acartonada. La cinta no alcanza instantes mágicos entre los infantes y la(s) historia(s) de amor no terminan de funcionar y coger vuelo. A su favor, está que carece de pretensiones y da lo que promete, que se ve con gusto y conserva el tono amable durante todo el metraje, sin caídas de ritmo. La idealización de la Resistencia con todos los franceses como patriotas y el carácter de fábula infantil la convierten, a su vez, en una obra de iniciación a la madurez —aunque vivida con escasa convicción—, con unos niños que juegan a ser mayores y a repetir que no son «unos gallinas», aunque a veces se escapen unas lágrimas —fáciles y un poco artificiales— y haya que pedir disculpas —por el exceso y simplificación—.

Calificación: 6/10


Imágenes de “La guerra de los botones”, película distribuida en España por Alta Classics © 2011 La Petite Reine, TF1 Films Production, Studio 37, Mars Films y Logline Studios. Todos los derechos reservados.

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