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«La herencia Valdemar»: El curioso caso de José Luis Alemán

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«La herencia Valdemar»: El curioso caso de José Luis Alemán

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José Luis Alemán debuta como director con una súper producción arriesgada, compleja y sentida en lo que supone un caso inédito en nuestra industria cinematográfica. El resultado es notable.

Luisa Llorente (Silvia Abascal) desaparece mientras tasa un antiguo caserón. Su empleador, el misterioso Maximilian (Eusebio Poncela) contrata entonces los servicios de Nicolás Tremel (Óscar Jaenada) para localizarla. En su viaje hacia la hacienda, descubrirá una historia tan extraña como peligrosa e impredecible. “La herencia Valdemar” quedará en nuestro cine como una propuesta casi experimental, no en su forma pero sí en su concepción, arriesgada, valiente, inédita, que nace de la voluntad de un debutante, José Luis Alemán, que contra todo pronóstico ha logrado un imposible en la industria nacional: sacar adelante una súper producción sin más ayuda que su propio encono y amor por el séptimo arte en su sentido más extenso, y por el género fantástico clásico y universal en el más estricto. Una aventura llena de riesgos, que conocerá suerte dispar en su recorrido comercial dentro y fuera de nuestro país, y que esperemos el tiempo coloque en el lugar que merece, aunque impredecible es la voz del espectador, garante último de la validez de cada título que desembarca en nuestra cartelera. Pero lo cierto es que, una vez sumergidos en tamaña osadía, nuestra percepción se rinde a las luces que dominan con contundencia sobre las sombras.

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Si curioso es el proyecto en sí, no lo es menos la gran hazaña de la película, que logra que la excesiva debilidad interpretativa del amplio elenco central ─declaman, recitan en exceso sin destilar credibilidad, salvo excepciones─ quede solapada por un diseño de producción  fastuoso, generosísimo en detalles y alardes visuales notables y remarcables. Cada plano, cada secuencia se convierte ante nuestros ojos en un esmerado retablo en el que nada falta y nada sobra, una dirección serena y elegante con la que Alemán demuestra una atención casi obsesiva en la disposición de sus actores y los elementos que les rodean; es, sin duda, un arma de doble filo, ya que a la exigencia propia de una historia tranquila en su devenir, pausada, firme pero circunstancial por momentos, se exige del observador la apreciación exacta del mimo puesto por parte de quien proclama en su debut la devoción hacia el terror en su más amplio sentido, en lo artístico y en lo personal. Adornan la narración, rodeando a los protagonistas principales, leyendas como Aleister Crowley (Francisco Maestre), Bram Stoker (Lino Braxe) o Lizzie Borden (Vanessa Suarez), interpretados por actores miméticos en su presentación física; subrayan las aspiraciones de perfección histórica del film los primeros conatos del sufragismo femenino, las proclamas de veracidad absoluta del protoperiodismo estratosférico o los devaneos fantasmagóricos y esotéricos tan propios de una época no tan remota pero profunda, abismal, en la que convive la cotidianeidad más cálida con los pavores de la obra de Lovecraft, germen primigenio de esta disputa familiar de consecuencias imprevisibles.

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Exigente, sí, pero satisfactoria, también. “La herencia Valdemar” presenta un guión sin fisuras, casi redondo, en el que cada duda, cada posible lapso se cierra con milimétrica perfección en un avance narrativo sin estancamientos ni sobresaltos, que se arriesga nuevamente ─el vértigo es en esta apuesta una constante─ al estirar el metraje y encaminarlo a un clímax cortante, seco, que deja las puertas abiertas a la secuela que ha de cerrar esta fábula sorprendente y compleja. El tramo final juega sus bazas más efectistas apoyado en un espectacular trabajo digital y en el saber hacer del gran Reyes Abades, en plena forma pese al paso de los años y con la bienvenida obligada a los tiempos en los que las máquinas sustituyen cada vez con mayor celeridad a los matarifes artesanos. Envuelto todo en una banda sonora comedida, ajustada y en absoluto superflua, el resultado es un bombón preciosista con el que el aficionado que sepa apreciar el conjunto global, en esos en absoluto abundantes casos en los que forma y fondo se funden por encima de los defectos evidentes ─hablamos de una ópera prima, no lo olvidemos─, gozará sobremanera más allá de obviedades y negativismos axiomáticos y puristas.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “La herencia Valdemar” © 2009 La Cruzada Entertainment y Origen Producciones Cinematográficas S.A. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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