“La invención de Hugo”: Recordar por qué amas el cine

Escrito por el 27.02.12 a las 5:47

“La invención de Hugo” es un regalo para todo amante del cine. Martin Scorsese obra el milagro y firma una obra maestra que nos devuelve la fascinación por los comienzos del cine de la mano de Georges Méliès.

Reconozcámoslo: a los que, en mayor o menor medida, nos dedicamos a hablar o a escribir de cine, nos resulta cada vez más difícil que una película verdaderamente nos ilusione. Sí, podemos destacar algo, sentirnos gratificados y encontrar motivos para recomendar una cinta. Pero esa conmoción interna, esa fibra sensible que nos remite a las primeras impresiones, cuando nos sentábamos en una sala oscura y lo que aparecía en la pantalla literalmente nos transportaba… Bien, esa impresión, tan frecuente cuando comenzamos a amar el cine, seguramente cuando éramos niños y a veces por títulos que ni siquiera lo merecían, simplemente se desvanece. En eso también nos hacemos mayores.

Hasta que, muy de vez en cuando, hay algo que resucita. Porque sólo cuando se habla un común lenguaje de amor por este arte, por sus principios, por el origen primero de esa sensación que nos saca de la rutina diaria y nos sume en una maravilla irreal en la que dejarnos atrapar por el truco, la sencillez de la ilusión, sólo entonces puede establecerse un lazo fuerte entre el espectador y lo que éste ve. Y Martin Scorsese obra el milagro con “La invención de Hugo” (ver tráiler y escenas), conectándonos con la osadía de aquellos pioneros que se dieron cuenta de que un mero pasatiempo visual, un hallazgo tecnológico al que, sin embargo, sus inventores no quisieron dar toda la importancia que merecía —y que no por casualidad fue desarrollado por gentes más cercanas a campos como el de la magia—, estaba llamado a ser el entretenimiento del futuro.

Reducir esta obra al ámbito juvenil —probablemente los más pequeños se aburran o no entiendan lo que sucede ante ellos— sería una limitación injusta. Al contrario, Scorsese firma una obra perfectamente coherente con la de un septuagenario que sigue encontrando alicientes en ponerse tras una cámara y plantearse una historia, y que ha encontrado una excusa perfecta para dar rienda suelta a su cinefilia. Porque puede que París, en realidad, nunca fuese así, y que todo sea una mirada idealizada pero, ¿qué más da? Hace mucho tiempo que existe una memoria común de los sitios y las épocas que está más allá de lo que fueron en realidad. Existe ya otra realidad en nosotros, la del cine.

“La invención de Hugo” es aventura, y es a la vez el regalo de entrar en el estudio de Georges Méliès mientras éste filmaba sus películas abracadabrantes, quizá sin imaginar que entre sus cuatro paredes empezaba todo, en comunión con un puñado de visionarios repartidos por todo el mundo. Y también es el regalo de asistir a un desfile de personajes y escenarios similares a los de nuestros sueños cuando aún aspirábamos a ser inocentes: la librería del señor Labisse —un Christopher Lee capaz de dejar que su grave e intimidatoria voz se tiña de ternura—, la Biblioteca de la Academia del Cine, los juguetes mecánicos y las máquinas estropeadas siempre tan tristes.

Y sobre todo, es la mirada de dos niños, los azulísimos ojos de un Asa Butterfield que parece sacado de las páginas del mejor Charles Dickens, la radiante luminosidad de una Chloë Grace Moretz que tiene verdadera madera de estrella ¿Quién no se dejaría arrastrar por Hugo Cabret? ¿quién no se sentiría identificado en su obstinación por encontrar la razón de por qué está aquí? Y si todo lo contemplamos desde la esfera de un gran reloj que tiene París a sus pies, una estación en la que nada importa a dónde vas o de dónde llegas, te rodea la bellísima partitura de Howard Shore y te interroga la mirada de un autómata extrañamente sabio, llegamos a la conclusión de que, desgraciadamente, tardaremos en sentir la misma emoción con otra cinta. Eso, de hecho, es lo único malo que puede decirse de este gran regalo de quien, lejos de despachar un encargo, nos ha obsequiado con una obra maestra.

Calificación: 10/10


En las imágenes: Fotogramas de “La invención de Hugo”, película distribuida en España por Paramount Pictures Spain © 2011 GK Films. Todos los derechos reservados.



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4 - JOSÉ IGNACIO ANDOLZ - 17:41 - 27.03.12

¿Qué hace un chico subiendo y bajando por el laberinto de gigantescos mecanismos del reloj de la Estación de Montparnasse, como si habitara un cuadro de Escher?; cuando se nos muestra su rostro, ¿qué historia quieren pregonar esos dos potentes faros de tristeza con forma de ojos azules? ¿Puede abrirse una caja de pandora si alguien consigue despertar de su sueño de óxido a los engranajes de un sofisticado autómata? ¿Quién es ese anciano amargo de barba puntiaguda que regenta la tienda de juguetes de la estación? ¿Por qué una pequeña libreta llena de bocetos técnicos es capaz de producir una chispa de dureza en sus ojos, como si fuera un trozo de pedernal?
Con una fotografía siempre rodeada de un halo de misterio, que sólo abandona el abigarrado microcosmos de la estación de Montparnasse para arrastrarnos por las callejuelas de un París opresivo y crepuscular, “La invención de Hugo” va uniendo poco a poco todos estos cabos sueltos que nos conducirán a un icono indiscutible del protocine y a su peripecia personal, por otro lado verídica.
En esta cinta, que se desenvuelve entre juegos de naipes, trucos de magia, escondrijos y sorpresas, la omnipresencia del tren es un guiño permanente al espíritu de los hombres que, en la transición entre los siglos XIX y XX, dieron vida al cine.
“La invención de Hugo” comienza con un plano aéreo del tráfico nocturno fluyendo por las avenidas de París, que nos recuerda al movimiento de un inmenso mecanismo de relojería. El ojo de la cámara va descendiendo y cerrando el campo, descubriéndonos que en las entrañas de cada reloj pueden habitar otros, cada vez más pequeños, que imprimen su movimiento al anterior. Nos mostrará las tripas de la estación de Montparnasse, funcionando con regularidad y precisión y, alternativamente, irá enfocando las vidas de algunos de los elementos humanos que, cada día, dan vida al gigante de piedra y hierro. ¿Aquéllos son también muñecos mecánicos, como los ratoncillos de la tienda del adusto Georges? ¿Hay algo más que ruedas dentadas al final de toda esa cadena de mecanismos? En la timba de la vida, ¿llega un momento en que cada uno tenemos las cartas echadas definitivamente, o no? ¿Somos capaces de hacer que ocurran cosas “contra todo pronóstico”?
En “La invención de Hugo” las referencias al cine en sus comienzos son sólo una parábola para mostrar que el hombre puede comunicar la fuerza de su propio espíritu a la materia, y convertir un mecanismo regido pura y simplemente por las leyes de Newton en una máquina de sueños. Tal vez la cinta, con su espléndida fotografía, fruto sin duda de una técnica de última generación, se convierte en un elemento más de esa misma parábola, al demostrar que, cien años más tarde, las personas podemos seguir infundiendo nuestra energía misteriosa y creadora al mundo binario de los dígitos.
Por si lo anterior no bastara, para mi gusto la película merece la pena sólo por la actuación de Asa Butterfield – Hugo – rebosante de fuerza expresiva modulada por la sorprendente madurez interpretativa del actor.

http://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/03/26/la-invencion-de-hugo/



3 - pep - 13:48 - 12.03.12

Vi la película y coincido en que hay un buen trabajo hecho; ahora bien un 10 me parece excesivo. Esa calificación es para una obra que no tiene ningun fallo, y lo que es más, toda ella sería sobresaliente; no estoy de acuerdo. Nunca pondré a ninguna peli un 10, pues la perfección no existe.

Un saludo.



2 - Miguel A. Delgado - 18:12 - 28.02.12

kymvenge, me paso encantado, pero… ¿por dónde? 😉



1 - kymvenge - 12:00 - 28.02.12

NO, por favor! otra crítica de cinco estrellas para la nueva película de Martin Scorsese, al menos me queda el consuelo de que no se llevó ningun gran premio en los Oscars sólo premios secundarios.
¿De verdad a la mayoría de los críticos les parece muy bien que repitan y repitan esas emisiones de los comienzos del cine? La primera vez esta bien se hace curioso tiene magia, pero al final ya cansa bastante, no?
Bueno no quiero extenderme demasiado, lo cierto que no estoy muy de acuerdo, si qureís leer todo el texto del pre-estreno y la crítica podeis pasaros por aquí y echarle un ojo.Gracias de antemano.



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