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«La mujer rubia»: Cuando la sobriedad se vuelve frialdad

Críticas

«La mujer rubia»: Cuando la sobriedad se vuelve frialdad

La mirada que Lucrecia Martel lanza sobre la burguesía argentina es devastadora desde el momento en que la sitúa como elemento totalmente alienado, aislado de la realidad que la envuelve. En «La mujer rubia», la desesperanzadora visión de esa clase social que tantos geniales ataques ha tenido por parte del cine desde Fellini a Buñuel, está exponenciada a través de una mujer y un acontecimiento traumático que desencadena su proceso de hundimiento en la culpa y la enajenación.

Por eso es más adecuado ubicarla bajo el título original, «La mujer sin cabeza», al hablar de una película cruda que pretende una inmersión en el juicio interior al que el alma de Verónica (María Onetto) está siendo sometida durante todo el metraje. Hablamos de cine introspectivo, donde la premisa narrativa es mínima y donde lo que prima es la profunda turbación psicológica de una protagonista que, de un día para otro, se ve a sí misma incapaz de reaccionar ante ningún estímulo externo de su cotidianeidad. La tendencia en la que se inscribe el filme es, por tanto, la del cine argentino que más ha abogado por la economía de las palabras y los hechos, llevada aquí hasta la supresión de cualquier trama tangente que permita distraernos de este ejercicio de observación del deterioro y aislamiento de esa mujer sin cabeza. Se trata de un cine austero que cree en ritmos pausados, en largos planos y una cámara predominantemente estática, que nunca se permite un movimiento de más. La mano de la autora sólo se dejará ver en su capacidad para dominar y entender los silencios o encuadrar la cámara sobre sus personajes, algo que Martel sin duda acomete con un formalismo y una eficacia impecables: la argentina privilegia encuadres que se cierran sobre la mata de pelo de esa mujer que vive un silenciosa y lenta tortura, para incidir en una vigilancia implacable sobre su personaje.

Sin embargo, y pese a sus mecanismos de representación, todos ellos infalibles, es de recibo señalar que «La mujer rubia» puede considerarse una cinta fallida si atendemos a la accesibilidad a su personaje central desde nuestra posición de espectador. Dando por válido el hecho de que la progresión de éste sea la motivación única de la película, no podremos sino sentirnos frustrados al encontrarnos con un muro infranqueable cada vez que tratamos de escrutar los pensamientos, los sentimientos de culpabilidad o el dolor intenso que atormentan a esa mujer. No es cuestión de interpretación, pues Verónica está magníficamente incorporada por María Onetto, quien aborda con aplomo un papel de dificultades no evidentes pero sí extraordinarias. El problema es que la configuración de su personaje acaba confinándolo a deambular por la pantalla durante una larga hora y media en la que, tras un comienzo prometedor, más de un espectador acabará por rendirse en su empeño por ser partícipe de la soledad o la aflicción de su protagonista. Todo lo que sucede en la película, sucede en la cabeza de Verónica, y, al sernos constantemente denegado el acceso a la misma, sólo queda un paso de ahí a la indiferencia, y otro más de la indiferencia al tedio.

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Así, lo que se pretende como un estilo sobrio y crudo, acaba revelándose como frío y sin alma. No son baladíes los múltiples planos con fuerte carga metafórica sobre los que se ha construido la obra (el más evidente, el de la lluvia tras el incidente inicial), pero sí insuficientes para darle el beneplácito a una obra que flirtea peligrosamente con la apatía más absoluta.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «La mujer rubia» – Copyright © 2008 Aquafilms, El Deseo, Slot Machine, Teodora Film y R&C Produzione. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures España. Todos los derechos reservados.

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