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Críticas

«La Ola»: La historia se repite como las mareas

Hay películas que parten con ventaja porque el tema y la historia son atractivos en sí mismos, y porque el espectador se siente interpelado directa y personalmente en sus ideas y sentimientos. “La Ola” de Dennis Gansel es una de ellas porque su director se atreve a mirar de frente al surgimiento de grupos neonazis, radicales y violentos, para cuestionarse si los hombres hemos aprendido alguna lección del pasado, o si la historia podría repetirse de nuevo. Estremecedora, provocadora e impactante, seguro que esta cinta generará polémica por lo que dice y por cómo lo dice, por poner el dedo en la llaga y apuntar con inteligencia hacia algunos de los factores –personales y sociológicos– que propician el surgimiento de esos movimientos racistas y cerrados. También nos alerta sobre el precipicio de cierta educación –o falta de educación– que pueden estar recibiendo las nuevas generaciones, poco humanística y de escasa valoración ética, explícitamente tecnológica y orientada al éxito personal.

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En un instituto alemán van a impartirse unos seminarios prácticos de Autocracia y Anarquía. Muy a su pesar, a Rainer Wenger le corresponde dar el primero y se dispone a hacerlo con sus heterodoxos y peculiares métodos docentes, interpelando a sus alumnos, haciendo que ellos mismos se planteen preguntas y den sus respuestas, llevando el tema hasta el extremo con la intención de que la verdad se abra paso por sí misma y no por el principio de autoridad. El problema es que esas mentes adolescentes carecen de la madurez y templanza necesarias, y que el experimento puede llegar demasiado lejos… Política, sociología y educación se dan la mano en una propuesta para debate en foros culturales y educativos: complejo de inferioridad, fomento del propio ego, carencias afectivas y éticas personales, superficialidad de cierta sociedad del confort… todas ellas se mezclan con la necesidad individual de pertenencia a un grupo y notar su apoyo, acompañada del ansia juvenil de dar cauce a los más altos ideales y seguir a un líder que marque el camino, con la dificultad para discernir la teoría y la práctica al educar sin contemplar las peculiaridades y circunstancias del alumno concreto.

El caldo de cultivo que se nos presenta es el idóneo y perfecto para que se desarrollen esos sentimientos radicales de grupo, pero necesitan un guía de fuerte personalidad que los arrastre con su fuerza y carisma. Gansel dibuja arquetipos entre los alumnos en su intento de recoger los caracteres e inquietudes que en una clase pueden confluir: la frivolidad y espíritu bromista de uno, los complejos e inestabilidad de otro, o la madurez y sensatez de una alumna son mostrados sin trampa ni cartón, sin excesivos matices… porque no son necesarios. Quien a todos tutela e imprime fuerza a la cinta es, sin duda, un magistral Jürgen Vogel en su papel del profesor Wenger: sus dotes y carisma fascinan y entusiasman a los alumnos y también al espectador, que asiste atónito a un in crescendo de admiración y pasión idealista por su figura arrolladora. Como en un espejo, parecen volver a repetirse las imágenes de un Hitler rodeándose de un grupo de leales dispuestos a todo, que crece en número y entusiasmo, que elige libre y democráticamente al futuro tirano o busca su unión (y se cierra sobre sí mismo) a través de una camisa blanca, un saludo-contraseña o un logo con que identificarse. Da miedo pensar en este nuevo profesor que recuerda al de “El club de los poetas muertos”, rompedor e imprudente, dueño de las voluntades de sus alumnos pero no de la suya, porque los experimentos se hacen con gaseosa, y no con indefensos adolescentes. Hubiera sido muy interesante ahondar en la personalidad y posible frustración personal de ese mentor, algo que, por cierto, deja ver su mujer en una explosión de sinceridad.

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El retrato de los personajes y sobre todo su buena ejecución por parte de los actores, el ritmo preciso y ágil de la historia, el discurrir de las secuencias que van creciendo en dramatismo y que se precipitan como una ola hasta convertir al movimiento en un monstruo devorador, su puesta en escena que se confunde con la que el propio profesor hace en su clase… todo esto convierte esta cinta en una gran película y una interesante aproximación a lo que sucedió y a lo que puede volver a suceder (o sucede). Realizada con vigor narrativo y frescura, es óptima para el coloquio posterior y para un espectador joven que conectará con el mensaje enviado y aprenderá a sortear esa ola mediante la reflexión y la ética personal.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «La Ola» – Copyright © 2008 Constantin Film, Christian Becker Production, Rat Pack Filmproduktion, Medienfonds GFP I KG & B.A. Produktion. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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