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Críticas

«La prima cosa bella»: Una canción muy familiar

«La prima cosa bella» se levanta sobre la ironía y sensibilidad en el guión y la frescura y ligereza en la interpretación, para acabar construyendo con buenos actores una equilibrada historia familiar de desgracia y sentimiento.

En el verano de 1971 asistimos a una fiesta popular en la Toscana en la que la hermosa Anna es elegida «Miss mamá« bajo la mirada recelosa de su marido Mario, la desaprobación de su hijo Bruno y la inocente alegría de la pequeña Valeria. Poco después, gritos y peleas matrimoniales derivan en la fuga del hogar de la madre con sus hijos, en lo que será una crónica familiar de desastres y distanciamientos, aunque también de pequeñas alegrías al son de una canción. Ese via crucis existencial nos lleva al momento presente en que el cáncer terminal de Anna se ofrece como una oportunidad para la reconciliación materno-filial, a partir de los recuerdos de un pasado felizmente desgraciado. «La prima cosa bella» (ver tráiler) es un ejemplo meridiano de la comedia clásica italiana, donde sus personajes tratan de abrirse paso en la vida aunque se dejen la piel a jirones, pero siempre bajo la protección cariñosa y enérgica de la mamma y de la familia.

Paolo Virzì entronca con la tradición nacional y logra momentos que rayan en el esperpento como la curiosa escena de Anna con el abogado y su mujer, o la del perplejo Cristiano que un día descubre en su despacho quién es realmente. También aquella en que el amor y la muerte se dan la mano en la habitación de la novia moribunda, mientras el objetivo de la cámara adopta el gran angular y toma un plano cenital para deformar una realidad tan patética como humana. Esa mezcla entre lo irrisorio y lo entrañable inunda toda la historia de Anna y sus hijos, evocada desde puntos de vista cambiantes pero en la que prevalece la mirada triste de un Bruno infeliz y gruñón que trata de evadirse con algún chute de droga cuando lo que necesita en un buen baño en el mar. O una madre a la que acusan de arruinarles la vida, pero que les quiere como nadie y que está orgullosa de sus hijos, aunque les reserve un secreto inconfesable.

La canción que cantan juntos en los momentos de dolor es la interpretada originalmente por Nicola di Bari, pero también el estribillo de una continua huida hacia adelante en su lucha por sobrevivir: el de la falta de estabilidad emocional y de fidelidad en el compromiso, como si necesitasen sentir la fuerza de la pasión y del sentimiento y arrojarse a esas aguas marinas —no es gratuita la escena final de Bruno con su novia— para llenar el vacío que notan en su interior. Virzì y Anna nos ofrecen una felicidad de mínimos y de supervivencia, de relaciones frágiles y fugaces, buscada entre condes y tenderos, en los rodajes de cine y en los despachos de abogados, para finalmente volver con el recuerdo a un marido y a unos maravillosos años en que todos cantaban juntos una canción llena de vitalidad y amor.

La trama de los años setenta está más conseguida que la actual, en especial en lo que a ambientación se refiere, si bien no faltan momentos emotivos junto a esa enferma que parece rebosar salud en el corazón y que vuelve a contagiar su amor por la vida a un desorientado hijo que nunca supo ser feliz. Por eso, debemos destacar la relación entre madre e hijo en su reencuentro, a pesar de lo artificioso que pueda resultar, gracias al buen trabajo de Stefania Sandrelli y de Valerio Mastandrea, personaje cómico en su tristeza y consecuencia de una dura infancia y de una caótica vida familiar. También Micaela Ramazzotti hace un buen papel como joven madre de vida errática e inconsciente, pero tremendamente entusiasta, dulce y de gran corazón.

La cinta se levanta sobre la ironía y sensibilidad en el guión y la frescura y ligereza en la interpretación, para acabar construyendo una equilibrada historia familiar de desgracia y sentimiento. Sin duda, se ve con gusto y agrado, pese a que le falta un poco de fuerza dramática, con una trama algo episódica para el pasado y más inverosímil para el presente. Gustará a los amantes de la comedia melodramática italiana de Ettore Scola, Dino Risi o Mario Monicelli, y a los nostálgicos que quieran oír el tema de Di Bari hecho vida en una familia sufridora. Fue la película italiana seleccionada para representar a Italia en los Oscars® de 2010, y ganó tres premios David di Donatello para el guión y para los actores Mastandrea y Ramazzotti.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “La prima cosa bella”, película distribuida en España por Alta Classics © Medusa Film, Motorino Amaranto e Indiana Production. Todos los derechos reservados.

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