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Críticas

«La reina Victoria»: Crónicas de la realeza victoriana

«La reina Victoria» es ese filme de época del que todos alabamos su exquisito diseño de producción. Como cronista, sin embargo, carece de profundidad socio-política y claudica ante el retrato cuasi rosa de otra reina para el cine.

Pareciera que el cine británico tiene un deber para con la corona, una saga monárquica que completar en celuloide y que ha demostrado dar excelentes resultados en productos tan distintos como «The queen (La Reina)» o «Elizabeth». Le llega el turno a otra distinguida miembro del linaje, la Reina Victoria, que encuentra su película entre los fueros más formalistas y las tramas alimentadas de intrigas de palacio. El título original, «The young Victoria» acota los límites de un retrato victoriano que dispone un intenso repaso a las vicisitudes de sus primeros años de reinado, en general, y su romance y matrimonio con el príncipe Alberto, en particular. Por tanto, una crónica más curiosa de los secretos de alcoba y la rumorología cortesana que del estatus político de Gran Bretaña y el expansionismo imperialista.

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«La reina Victoria» es ese filme de época del que todos alabamos su exquisito diseño de producción, su ambientación impecable o su deslumbrante vestuario. Es, en definitiva, el ejemplo de impoluta dirección artística que frecuenta las candidaturas de los Oscars©. Virtudes, por otra parte, ya esperadas, y que son excusa inmejorable para que Jean-Marc Vallée haga gala de su virtuosismo técnico, ejemplificado en la secuencia del baile o el plano de la hilera de copas. Sin duda el cineasta hace esfuerzos notables por escapar a las convenciones técnicas de un género que fácilmente podrían haber acercado esta historia al telefilme de época. Y a buen seguro que dichos esfuerzos hallan frutos visibles en cuanto a forma (el montaje por momentos construye una suerte de concierto de imágenes victorianas al son de la música de Ilan Eshkeri), pero subyugados a un contenido elogiador de las bondades de la monarca y olvidable en cuanto a su condición de cronista de escasa profundidad socio-política.

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Así que más allá de formalismos, más allá de la impecabilidad y de prometedores apuntes visuales, «La reina Victoria» sigue pisando muchos de los lugares comunes del género: subtramas conspiratorias derivadas de reprobaciones a una reina inexperta en reinar, la incomprensión hacia la figura reinante o las encrucijadas en el corazón de la misma. El empaque británico que parece acompañar en estas ocasiones se reafirma en un elenco eminentemente inglés, en el que Emily Blunt da vida a la joven Victoria I con la sobriedad que exige la ocasión, pero sin el verdadero magnetismo de una reina en la pantalla, ese que casi le arrebata el alma a una película, como Cate Blanchett hiciera con «Elizabeth» o Greta Garbo con «La reina Cristina de Suecia».

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En su segunda mitad, la cinta de Vallée acaba agotándose en su reiteración de situaciones y su mecánica sucesión de acontecimientos. Para entonces, cualquier exploración del riquísimo trasfondo histórico ha claudicado ante el relato de tono cuasi rosa, enmarcado con la estampa real que supone el último plano y los títulos que preceden a los créditos finales. Motivos perfectamente lícitos y firmados con escrupulosa corrección que no hacen sino componer un aceptable, nunca notable, entretenimiento de época.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «La reina Victoria» – Copyright © 2009 GK Films. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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