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«La saga Crepúsculo: Eclipse». La dura vida de los fans

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«La saga Crepúsculo: Eclipse». La dura vida de los fans

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«La saga Crepúsculo: Eclipse» es un tostón ridículo de mucho cuidado, que se hace eterno y en el que lo único salvable es la banda sonora y la fotografía de un Javier Aguirresarobe que vuelve a demostrar por qué es uno de los grandes.

La verdad es que uno puede entender perfectamente los motivos por los que la saga creada en torno a los libros originales de Stephenie Meyer tiene tanto éxito: por su inteligente mezcla de ingredientes, capaz de atraer a un público tan fiel y devorador de libros como el adolescente. Y antes de seguir, uno prefiere dejar constancia del enorme mérito de su autora. Otra cosa, desgraciadamente, es lo que sucede con sus adaptaciones cinematográficas: aquí, nadie que se escape del público objetivo al que van destinadas podrá hacer otra cosa que echar cabezadas, sonreír condescendientemente o asistir al espectáculo con el comentario jocoso siempre a mano. Algo que, evidentemente, irritará a los millones de fans de las aventuras de Bella y Edward, y con toda la razón. Pero no hay fanatismo que invalide la premisa mayor de estas líneas; a saber: que «La saga Crepúsculo: Eclipse», la que corresponde cronológicamente a estas líneas, es un tostón ridículo de mucho cuidado. Pero claro, uno es hombre, tiene 39 años y quizá hace demasiado tiempo que sintió cómo las ilusiones románticas fueron tamizadas… que soy un soso, vaya. Y como uno no puede abdicar de lo que es, sólo puede escribir desde esa perspectiva.

Cuando una cinta dura sólo dos horas pero te da la sensación de que son tres, algo pasa. Cuando tienes la impresión de que asistes una y otra vez al mismo diálogo ridículo y supuestamente trascendente, es que algo está mal escrito. Cuando ves por quinta vez la misma sosez de expresión del supuesto galán, los músculos del lobuno rival o la mueca de estoy-hecha-un-lío de la heroína, sientes que las cosas atractivas que apunta la trama parecen sólo una excusa para insertar la ración adecuada de fotogramas conteniendo alguna de las tres posibilidades (o cualquiera de sus combinaciones). Y cuando lamentas que las escenas de acción (estupendamente rodadas, eso sí) no ocupen más tiempo de la narración, o lo que es peor, te parecen metidas con calzador para que el cautivo público masculino no abdique a la siguiente entrega, empiezas a darte cuenta de lo calculado que está todo el conjunto. Lo que insisto, no sería malo (al fin y al cabo, ¿qué es la saga Harry Potter?), pero al menos uno agradecería que se esmeraran un poco más.

Pero el caso es que sólo lo hacen con la banda sonora (¡pedazo de canciones!) y la fotografía (Javier Aguirresarobe vuelve a demostrar por qué es de los grandes): lo demás deja tanta huella como el picotazo de un mosquito en la concha de una tortuga. Y que el nombre de David Slade, aquel que nos deslumbrara irrumpiendo con «Hard candy» (2005) aparezca vinculado a lo que no debería tener más categoría que un rutinario episodio televisivo de una serie del montón, hace que sigamos lamentándonos por el destino de quien ya en «30 días de oscuridad» (2007) empezara a dar preocupantes indicios de haber tomado un rumbo descendente en su filmografía. E insisto y aclaro: la saga Crepúsculo está llena de temas e ideas valiosas que podrían haber dado mejores películas. Lo lamentable es que las productoras y los nombres situados a un lado y otro de la cámara hayan puesto el piloto automático y hayan tirado por lo fácil. Creo que, como fieles lectores siempre al pie del cañón, esos fans se habrían merecido algo mucho mejor. Pero evidentemente, asumo que ellos no estarán de acuerdo y tomarán estas palabras como las de un fósil que no tiene ni idea. Y seguramente tendrán razón.

Calificación: 2/10

En las imágenes: Escenas de “La saga Crepúsculo: Eclipse” – Copyright © 2010 Summit Entertainment, Temple Hill, Maverick Films, Imprint Entertainment y Sunswept Entertainment. Fotos por Kimberley French. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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