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«La sombra del poder»: Los vericuetos de la verdad

Críticas

«La sombra del poder»: Los vericuetos de la verdad

Buenas interpretaciones, sólidas escenas de suspense y una trama entretenida tienen cabida en este largometraje que, sin ser especialmente brillante, al menos aúna con eficiencia lo mejor de dos cines: el comercial y el de denuncia.

Desde luego, «La sombra del poder» pertenece a ese grupo de problemáticos proyectos que al final uno no sabe cómo es posible que hayan terminado rodándose casi en el momento exacto en el que querían sus artífices. En el supuesto que nos ocupa, Brad Pitt iba a ser el protagonista de la película, si bien optó por abandonarla debido a que consideraba que el libreto precisaba de algunos retoques, algo que era imposible llevar a cabo debido a la huelga de guionistas. Por supuesto, a la Universal no le sentó nada bien semejante decisión, aunque parece que al final todo se solucionó y que el estudio y el actor se reconciliaron gracias a que éste aceptó participar en «Malditos bastardos», cinta de Quentin Tarantino que en parte ha sido financiada por la major.

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Tras la marcha de Pitt, Edward Norton también dejó el largometraje, aunque en este caso debido a que ya se había comprometido a participar en «Leaves of grass». El rodaje de «La sombra del poder» tenía que haberse iniciado a mediados de noviembre de 2007, si bien al final se retrasó hasta enero de 2008; por suerte, se consiguió mantener al resto del elenco que inicialmente se había contratado para el filme. Éste, que a su vez se basa en una miniserie británica de 2003, nos cuenta la historia de un periodista que investiga la muerte de la amante de un congresista de los Estados Unidos. La cinta, cuyo ritmo e interés se incrementa según avanza el relato, es una buena muestra de cómo hacer un tipo de cine que mezcla con acierto el entretenimiento y la reflexión. Por un lado se utiliza el formato del thriller para mantener la atención del espectador, mientras que por otro se lanzan ligeras cuestiones sobre el abuso del poder, las ambiciones desmedidas o la influencia de la prensa, incluso en estos tiempos en los que proliferan todo tipo de medios gracias a la revolución de Internet.

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Kevin Macdonald realiza un gran trabajo con los intérpretes, no ya en el caso de Russell Crowe, sino sobre todo a la hora de hablar de un correcto Ben Affleck (no obstante, es obvio que nos hallamos ante un actor de limitado talento que no está a la altura del resto de sus compañeros de reparto). Cabe mencionar también la estupenda labor de Rachel McAdams, siendo de agradecer la solvencia de Helen Mirren, Jeff Daniels, Robin Wright Penn y Harry Lennix. La puesta en escena resulta efectiva, aunque personalmente hubiera dejado de lado ese manido tembleque de la cámara con el que el director pretende dotar a la cinta de una fingida pose de documental, como si ello fuera a aportarle una mayor credibilidad a la historia. Por lo demás, Macdonald filma con el suspense requerido pasajes como el del asesinato de un paciente en el hospital o, sobre todo, el intento del periodista Cal McAffrey de ocultarse de un letal individuo en un garaje. No nos hallamos ante una película que vaya a pasar a los anales del Séptimo Arte, pero al menos se agradece que nos encontremos ante un título que se aleje de la pretenciosidad e intente mantener distraído al público durante algo más de dos horas. Se trata, en definitiva, de una atinada combinación de cine comercial y de denuncia que, sin arriesgarse demasiado, lo más seguro es que incluso agrade a audiencias de inquietudes contrapuestas.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Escenas de «La sombra del poder» © 2009 Universal Pictures, Working Title Films, Studio Canal, Relativity Media, Andell Entertainment y Bevan/Fellner Productions. Fotos por Glen Wilson. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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