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«La teta asustada»: Respirar para vivir sin miedo

Críticas

«La teta asustada»: Respirar para vivir sin miedo

El Oso de Oro viajó de Berlín hasta Perú porque una cinta modesta y de pequeño presupuesto logró meter el miedo en el cuerpo al jurado y al espectador de la Berlinale. El título «La teta asustada» alude a ese miedo provocado por Sendero Luminoso en el país andino durante la década de los ochenta, con el que nacen algunas criaturas cuyas madres fueron maltratadas y violadas por los terroristas. Fausta es una de esas jóvenes que vive con el miedo en el cuerpo, transmitido junto a la leche materna recibida al nacer. Ahora, su madre se acaba de morir y ella trata de enterrarla junto a su padre, aunque el traslado no es fácil porque tanto ella como sus tíos, con los que vive, son pobres. Además la joven Fausta esconde un misterio, un trauma que la impide respirar a gusto —en sentido figurado— y que le provoca mareos —en sentido físico—, que la obligan a ir siempre acompañada por la calle por desconfiar de los hombres. Es un miedo atávico que intenta ocultar entre los suyos y en la casa donde trabaja. Un miedo que tiene mucho de superstición y algo de realidad, conocidas la educación y experiencia transmitidas por su madre que se despejan en la canción inicial.

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La vida de Fausta es una elegía a su madre ya muerta en vida y que ahora tiene que sepultar, un canto triste que busca la esperanza en el mar de la sirena de sus canciones, un viaje a la sepultura de su padre para enterrar allí su pasado y comenzar a vivir. Sus silencios están tan cargados de miedo y desconfianza como sus ojos de tristeza e inocencia. El rostro de Magaly Solier transmite mucho desde la sobriedad interpretativa, sin una palabra de histeria ni un sollozo que busque el dramatismo fácil. Su enigmática realidad está escondida en su alma amordazada e interior —no debemos bajar a detalles—, y su futuro pasa por volver a nacer… aceptando el amor a la vida y a alguien más. Sobriedad en la interpretación y también en la puesta en escena, ya sea por necesidad presupuestaria u opción estética: actores no profesionales extraídos del propio lugar que dan vida a unos tipos populares que se mueven en su hábitat natural, entre las tradiciones más ancestrales y la pobreza real del lugar.

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Bodas y entierros con una liturgia y folclore propios, donde el contraste entre el comienzo y término de la vida se extiende a la manifiesta diferencia de clases sociales: el portón que divide mundos tan dispares, la música robada y no agradecida por la señora, las diversiones que rodean a unos y otros… Ambientes sobrecogedores, entre el polvo y la incultura, que dan que pensar y se cuelan lentamente en el alma del espectador, que poco a poco va comprendiendo la soledad de Fausta. Su directora, Claudia Llosa, recurre a metáforas claras y, en cierto modo, algo enfáticas —una paloma de la inocencia que aparece muerta, el mar visitado como lugar de libertad, un taladro que provoca pavor, una patata o sus restos…— pero eficaces. La propia planificación busca generar sensaciones de miedo o suspense en el espectador —el propio travelling subjetivo de retroceso cuando llevan el nuevo piano, por ejemplo— e ir diciéndole algo sobre la protagonista, lo que consigue aunque sea de manera muy académica y convencional.

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No hay riesgos ni novedades formales, pero el clima y la ambientación están muy conseguidos. Las interpretaciones aportan frescura y veracidad, las canciones y momentos en lengua quechua ayudan en ese viaje al pasado o al interior más profundo, y el modo de contar la historia es exquisitamente delicado, tan lleno de sensibilidad como la declaración de amor y el final llenos de esperanza. Una cinta en que la vida se abre paso entre la pobreza, la incultura y la violencia, donde al atropello salvaje de terroristas armados se le añade el de otros individuos desalmados pero con buena apariencia. Con Oso de Oro o sin él, una película intimista y muy humana que refleja un modo de ir por la vida sin respirar. Y también las posibilidades del amor para sofocar el miedo que paraliza.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de «La teta asustada» – Copyright © 2008 Wanda Visión, Oberon Cinematográfica y Vela Producciones. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

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