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«La trampa del mal»: Dimensiones conocidas

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«La trampa del mal»: Dimensiones conocidas

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«La trampa del mal» es serie B solvente y eficaz, que no oculta su herencia de series como «Dimensión desconocida». John Erick Dowdle dirige con corrección este cuento moral que nace de la mente de M. Night Shyamalan.

Como un episodio de «Dimensión desconocida» (1959-1964) extendido, «La trampa del mal» (ver tráiler) propone terror encapsulado con la misma falta de pretensiones que sus referentes e idénticas bases: una muestra de género casi ingenua en su sencillez, intachable en su eficacia y dispuesta a retorcer su narrativa cuanto haga falta para dar dosificadas raciones de sobresaltos a la platea. La primera de las entregas de «The Night Chronicles» es piedra de toque en una serie que pone contrapunto a la carrera de su creador, M. Night Shyamalan: por un lado, rebaja su habitual complejidad humanística a niveles de un cuento moral que podría estar escrito por Richard Matheson; por el otro, rinde homenaje con estas piezas breves —80 ajustados minutos, esta primera— a sus admirados del fantástico, a esos nombres imprescindibles que carburan la imaginación del director de «El incidente» (2008).

Y como en un episodio de la serie creada por Rod Serling, como en uno escrito por el gran Matheson, «La trampa del mal» juega con perversidades del destino, une vericuetos imposibles y normaliza lo sobrenatural en un contexto claustrofóbico —recordemos, una vez más, «Pesadilla a 20.000 pies de altura» (Richard Donner, 1963)—: cinco personajes que comparten un ascensor en el que pronto se revela una presencia maligna, que sólo actúa aprovechando los intermitentes apagones; y fuera, un detective descreído y aún traumatizado por la muerte de su familia que ve cómo su fatalidad se enlaza con las de los ocupantes a los que intenta sacar. La premisa es simple, sin trampa ni cartón y dispuesta a rentabilizar el espacio mínimo a través de una cámara tan limitada como inteligente, bien aplicada por un John Erick Dowdle («Quarantine») que se demuestra, una vez más, correcto brazo ejecutor de proyectos más ajenos que propios.

Con un reparto que cumple sin estridencias, el de Dowdle es un solvente ejemplo de cine de espacios cerrados, que lanza con malicia la sospecha sobre el grupo y pone a prueba los instintos de supervivencia de las potenciales víctimas y asesino. Un Cluedo diminuto y esencialmente psicológico, en el que la mejor defensa es llegar a conocer al desconocido de enfrente y/o reconocer los pecados propios como única vía de escape. Nada memorable, por otra parte, que invierta el paisaje del género como la cámara hace, literalmente, en los créditos iniciales con la ciudad de Toronto: una enérgica apertura que regala su momento de lucimiento a la banda sonora de Fernando Velázquez.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “La trampa del mal” – Copyright © 2010 Universal Pictures, Media Rights Capital y The Night Chronicles. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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