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«La ventana»: Apurando la vida, mientras llega la muerte

Críticas

«La ventana»: Apurando la vida, mientras llega la muerte

En «La ventana» no hay artificio ni pretenciosidad: es la vida y la criatura vistos con humanidad y sin añadidos sonoros que remarquen o conduzcan las emociones. Aconsejable para los amantes del cine humanista.

Fiel a su Patagonia querida y a sus historias mínimas, el argentino Carlos Sorin ganó el premio de la crítica con «La ventana» en la Seminci de 2008. Llega ahora a nuestra cartelera con un retraso inexplicable porque, aun tratándose de cine minoritario, estamos ante una película con un impecable dominio del tiempo y de las emociones, que mira a la muerte —desde una ventana— con la serenidad y sensibilidad que sólo los grandes maestros saben impregnar a cada plano y a cada interpretación. Sutil, poética, delicada y hermosa es la historia del último día de la vida de Don Antonio, un anciano que se recupera de un infarto en su casa de campo y que espera la llegada de su hijo desde Europa. Pocas cosas pasan en ese breve periodo porque su inmovilidad sólo le permite una «escapada» por los alrededores… pero qué disfrute para Don Antonio y para el espectador, que pueden oler el aroma natural de un campo florido y sentir la vida sencilla y llena de paz en esas horas de espera vividas con una intensidad inusitada.

Como en «Bombón. El perro» o «Historias mínimas», Sorin hace gala de un estilo austero y preciso, con formas despojadas de todo artificio que dificulte llegar al alma de los personajes. Le interesa recoger los momentos íntimos de gentes sencillas, capturar el paso del tiempo y la percepción de una realidad cotidiana —¡qué distinto es el tiempo interior y «denso» de Antonio y del resto!—, encontrar el poso de verdad de unas vidas llenas de matices, y conmover con sus reacciones al espectador que, sin prisa ni exigencias de acción, está en la butaca… descubriendo y admirando a unos individuos de carne y hueso, entrañables y conmovedores. Una historia minimalista que lleva consigo una asombrosa pureza en el lenguaje y un diseño de producción atento a mil pequeños detalles (el piano y su afinamiento, el móvil, la abeja…), aparentemente sin trascendencia pero que van configurando un ambiente y una personalidad concreta, una actitud ante la vida y la muerte llena de riqueza y autenticidad.

Nada sobra y nada sería en cambio imprescindible, porque en «La ventana» no hay artificio ni pretenciosidad: es la vida y la criatura vistos con humanidad y sin añadidos sonoros que remarquen o conduzcan las emociones —sí los que la realidad encierra como ese ruido del viento, captados con suma delicadeza—, sin diálogos que tengan que explicar lo evidente ni reafirmar un discurso, sin una cámara que quiera decir más que los personajes haciéndose notar. Es auténtico cine en las formas y en el contenido, contemplación pausada y narrativa precisa —el ritmo es lento, como debe ser para contar una historia como esta—, con un punto dramático del que sin embargo no se aprovecha el director más allá de lo justificable, con una fotografía que recoge la misma verdad de una naturaleza pura y de un alma que se acerca a la muerte (las variaciones de luz en el amanecer son de gran valor artístico y simbólico). Junto a Sorin, el otro responsable de este milagro del cine es Antonio ‘Taco’ Larreta —escritor como el Don Antonio de su historia—, que logra estar ante la cámara sin fingir, creando una persona y no un personaje que llegue hasta el espectador y le emocione.

En «La ventana», Sorin y Antonio miran a la muerte sin tremendismos ni aspavientos, con un deje de relativismo y tristeza hacia lo que la vida puede ofrecer y que el tiempo se encarga de hacer desaparecer. La felicidad, los afectos, el amor, los bienes materiales, los deseos son vistos en su precariedad pero también en su esencia, contemplados en su justa medida e interiorizados por gente buena y sin complicación, con la naturaleza como reflejo de la paz de su espíritu, y tratados con una sutilidad en la que ningún gesto ni respuesta se hace impostada. Una película no apropiada para quien busque experiencias como «2012» o «La saga Crepúsculo: Luna nueva», pero sí muy aconsejable para los amantes del cine humanista y de las «emociones silenciosas», para quienes busquen formas que transmiten actitudes en armonía y coherencia interna… que eso es el cine.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «La ventana» – Copyright © 2008 Guacamole Films y Wanda Visión. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

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