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«La vergüenza»: Atascados en la inmadurez

Críticas

«La vergüenza»: Atascados en la inmadurez

La ganadora del Festival de Málaga muestra una impronta televisiva, con diálogos discursivos y una planificación basada en el plano-contraplano. En «La vergüenza», la puesta en escena es fría y la distancia entre los protagonistas, artificiosa.

Pepe y Lucía son un matrimonio sin hijos que tiene en régimen de acogida a Manu, un niño peruano que previamente ha estado con otras dos familias y que ha sido devuelto en ambos casos a su centro de origen. Tampoco esta joven pareja logra hacerse con el chaval tras más de un año intentándolo —a pesar de haber empleado en la casa a una mujer peruana que le facilitase la integración—, y ahora que deben pasar la prueba definitiva de adopción, crecen las dudas y se plantean devolverle. Esta historia escrita y dirigida por David Planell obtuvo la Biznaga de Oro a la Mejor Película en el reciente Festival de Málaga, así como la Biznaga de Plata al Mejor Guión. Esto podría significar que estamos ante la mejor película española del año, pero no es así porque las producciones nacionales de más caché han buscado otros escaparates de mayor prestigio, y Málaga ha mirado especialmente hacia nuevos realizadores. Como ópera prima e intento de llevar al cine temas importantes de nuestra sociedad, «La vergüenza» se merece una oportunidad, al igual que sus protagonistas atascados en la inmadurez. Y eso, hay que reconocerlo.

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La cinta de David Planell muestra su impronta televisiva con diálogos discursivos y una planificación basada en el plano-contraplano, lo mismo que cierto aire teatral en una puesta en escena reducida a interiores y en sus interpretaciones dramatizadas. Sufre un desequilibrio entre una estética visual cargada de sentido metafórico —al inicio y al final se hace énfasis en esos peces (adoptados y adaptados) en una pecera o esas cañerías atascadas— y un discurso que se apoya sobremanera en el uso de la palabra. También resulta irregular su desarrollo, con secuencias en que el diálogo resulta forzado y sólo busca poner al espectador en antecedentes de la situación —toda la escena en el tendedero, por ejemplo—, o aquellas en que la cámara se queda con el matrimonio para sacar sus problemas de pareja —donde falta fuerza dramática—. En otras, sin embargo, se apunta a la cuestión social de la inmigración desplazando la atención a Manu y la empleada Rosa —la escena más espontánea y natural, pero también la que deriva hacia el melodrama de sobremesa—, mientras que en la larga secuencia con la asistenta social, lo cómico y sarcástico cobran protagonismo y logran los momentos más conseguidos.

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Ese desequilibrio narrativo y la pretensión de tocar demasiados temas de nuestros días —inmigración y racismo, adopción y maternidad, problemas de pareja y comunicación, inmadurez personal—, hacen que el espectador comience un poco desconcertado, sin saber si está ante un drama o una comedia: encuentra una pareja que evidencia su falta de preparación para ser padres, con un Pepe un tanto infantil con sus pececitos y juguetes, que evita al niño al sentir la dificultad para contenerse; o una Lucía que intenta aportar calidez a las relaciones… pero que son más formales que cariñosas. La puesta en escena es fría, la distancia entre Alberto San Juan y Natalia Mateo parece artificiosa y demasiado hierática, se ceden la palabra en diálogos sin fuerza y su dramatismo gestual y alusiones al pasado van cargadas de vacío porque sabemos cosas que sucedieron antes… pero no las experimentamos. Es la parte dramática que explotará al final a modo de juego de confesiones adolescentes, de nuevo sin gravedad ni trascendencia. Podríamos pensar que falta dirección de actores en esos pasajes graves, que no hay química entre los protagonistas… o que el matrimonio está atascado en su relación, y de ahí la falta de vida sincera.

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Funciona mucho mejor cuando entra en escena la asistenta social, Irene, que viene a «examinarles» sobre su idoneidad. La actriz Marta Aledo aporta frescura con comentarios tópicos y de libro que trae a la conversación, permitiendo a los protagonistas las mejores y más auténticas reacciones, amén de alguna que otra risa. La comicidad y sarcasmo de esos momentos dan un vuelco a la película y hacen que hasta la frialdad inicial se cargue de sentido y se comprenda el drama de estos adultos-niños que juegan a tener un niño. Un juego como el que harían con los peces, o a la hora de sincerarse. Entonces, los secretos y deseos de un matrimonio dejan abierta una vía de salida… y los bomberos desatascan las tuberías, cuando deciden superar la vergüenza a quedar mal y darse una segunda oportunidad.

Calificación: 5/10

Imágenes: Fotogramas de «La vergüenza» – Copyright © 2009 Avalon Productions. Distribuida en España por Avalon. Todos los derechos reservados.

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