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«La víctima perfecta»: La brecha indiscreta

Críticas

«La víctima perfecta»: La brecha indiscreta

«La víctima perfecta» es un thriller mecánico, muy lejos de la esencia del cine de la Hammer del que se supone heredero y actualización. La película de Antti Jokinen entretiene, pero rara vez consigue escapar a su mediocridad de sobremesa.

Cruzar la herencia Hitchcock con el intento de revitalización del espíritu de catacumbas del cine de la Hammer, debería ser, a priori, una buena idea. Los ingredientes están ahí: Jeffrey Dean Morgan, antaño la ideal encarnación de El Comediante de los «Watchmen» (Zack Snyder, 2009), incorpora aquí con menos fortuna una suerte de cruce entre el L.B. ‘Jeff» Jeffries de «La ventana indiscreta» (Hitchcock, 1954) y el Norman Bates de «Psicosis» (Hitchcock, 1960), como si las pulsiones de ambos personajes hubieran dejado de ser eso, pulsiones, para convertirse en hábitos malsanos y ya explícitos; y Christopher Lee, rostro indiscutible junto a Peter Cushing de la compañía, versiona aquí su propia Señora Bates en las carnes del inquietante —y cómo no, dominante— abuelo del protagonista.

«La víctima perfecta» (ver tráiler) —sensacionalista traducción del original «The resident»—, sin embargo, rebaja ambas herencias a cotas mediocres que no saben honrar a sus referentes. No sólo es que el finés Antti Jokinen —cuyo último crédito pasa por la co-dirección de la gala de Eurovisión de 2007— sea un candidato más que discutible para resucitar la quintaesencia Hammer, retomada de forma prometedora en «Déjame entrar (Let me in)» (Matt Reeves, 2010). Es el empeño de confundir esa original vitalidad de bajo presupuesto con diálogos de baja estofa, personajes tan evidentes como olvidables y fórmulas que, a diferencia de las viejas intenciones de la productora británica, prefieren el conformismo de sobremesa antes que participar de cualquier evolución en el terror contemporáneo. Es la premisa de la recuperación de viejos lugares comunes, pero sin más actualización que la que aquí algunos entenderán en la falta de sutileza y la ausencia de sensibilidades soterradas.

La cinta de Jokinen, por tanto, ejecuta con funcionalidad mecánica pero sin alma alguna la hoja de ruta del thriller de voyeur. No hay sorpresas, pero sí ocasionales brechas en las que parece escapar a su propia mediocridad: no tanto en el arrojo interpretativo de Hilary Swank y sí más en los poderosos —y breves— gestos de Lee, no tanto en un flashback intermedio que descubre información fácil de intuir como en unos títulos de créditos iniciales que retuercen la arquitectura neoyorquina con la diligencia de un Saul Bass. Mención aparte merece la banda sonora de John Ottman, quizá el elemento aquí más comprometido en una puesta al día de los bajos y añejos instintos de la Hammer.

Calificación: 4/10


En las imágenes: Fotogramas de “La víctima perfecta”, película distribuida en España por Aurum © 2011 Exclusive Media Group y Hammer Films. Todos los derechos reservados.

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