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«Las chicas de la 6ª planta»: La chacha y el señorito

Críticas

«Las chicas de la 6ª planta»: La chacha y el señorito

El francés Philippe Le Guay esconde un peliagudo conservadurismo ideológico tras un toque de comedia galante y un buen grupo de actrices como españolas inmigrantes en Francia durante el periodo franquista.

El periplo de María (Natalia Verbeke), Carmen (Lola Dueñas) y Concepción (Carmen Maura) en «Las chicas de la 6ª planta», como el de tantas mujeres emigradas a la fuerza en busca de un sueldo como criadas en casas de familias burguesas, ya fue contado desde la óptica de la Transición en cintas como “Españolas en París” (Roberto Bodegas, 1971). ¿Qué tiene que añadir al respecto la perspectiva de los receptores, de aquella generación que creció al amparo doméstico de señoras que apenas chapurreaban su idioma? Pues otra comedia de mecanismos eficaces y un plantel muy bien dirigido de actrices que puede distraer del meollo del asunto: esa convivencia pacífica entre ‘chachas’ y señores que, como en otros discursos de ficción contemporáneos, pretende acariciar ánimos soliviantados.

Le Guay muestra con simpatía, incluso afecto, los tópicos asociados de inmediato al vecino español: las coplas improvisadas, la pasión por la buena mesa, siempre muy casera y de productos nacionales, la fiesta hasta las tantas, la jarana, el escándalo de patio interior entre verduleras. También su capacidad para sentirse satisfechos y felices aun en la precariedad. Esto, que de entrada siempre sería una falacia, se antoja de peor gusto en contraste con el panorama que reina fuera —o en 2010, año de estreno de la cinta—. Así, mientras la historia muestra a esas criadas que se desloman en jornadas de hasta dieciocho horas diarias y a los señores que acumulan beneficios con sus acciones y transacciones bancarias, la película parece retratar los pasos previos a nuestra crisis.

Mujeres ingenuas que terminan confiando en la especulación financiera y un hombre adinerado que alivia su conciencia prestando ayudas mínimas a ese grupo de inmigrantes y encaprichándose de una de ellas. Luego derivará hacia el romance que perdone esas libertades entre clases, en una condescendiente estrategia de guion. La comedia, de toque galante y los siempre efectivos cambios de escena mediados por escaleras, funciona si sólo se busca un rato de risas leves. La pena es que detrás de ellas vibre el discurso de una Europa todavía aferrada a ideas retrógradas y a la búsqueda de la mansedumbre —no en vano todas mandan callar al provocador personaje de Lola Dueñas— de un público que acaba de salir contento tras ver sus injustas miserias.

Calificación: 4/10

Imágenes de “Las chicas de la 6ª planta”, película distribuida en España por Emon © 2010 Vendôme Production, France 2 Cinéma, SND, CinéCinéma y France Télévision. Todos los derechos reservados.

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