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«Las ventajas de ser un marginado»: Guardianes entre el centeno

Críticas

«Las ventajas de ser un marginado»: Guardianes entre el centeno

«Las ventajas de ser un marginado» forja su propia sensibilidad sin sonar más pretenciosa de lo que sus guiños invitan a pensar. Stephen Chbosky firma una película empeñada en conquistar el sentimiento de identificación del inadaptado.

También el relato de iniciación adolescente tiene su propia versión en los márgenes, allí donde el inadaptado a la versión oficial encuentra su refugio y «El guardián entre el centeno» se vuelve esa revelación que leer una y otra vez. «The perks of being a wallflower», escrita por Stephen Chbosky y publicada en 1999, era una carta abierta —y literal— a aquellos que buscaban ese amparo en el tránsito a la madurez. No es de extrañar que, en un pasaje, su protagonista asegurara haber leído varias veces la obra de Salinger: en la novela de Chbosky se reflejaba la búsqueda de una conexión íntima con un estado de ánimo, la descripción de ese personaje crítico que se descubre incompatible con el mundo y que sigue encontrando su exponente literario en Holden Caulfield.

Al igual que en su propia novela que él mismo adapta, en «Las ventajas de ser un marginado» (ver tráiler) Chbosky trata de renovar esa quimérica identificación que Salinger consiguió a un nivel esencial, sin apenas recurrir a los espacios comunes para el sentimiento angst. El resultado, sin embargo, dista años luz de su referente desde el mismo momento en que queda al descubierto su ansiedad por alcanzarlo, por ascender a una mitología de la literatura/cine teen. Esa vocación con cierto punto exhibicionista, ya detectable en el libro, se traslada de la mano del mismo firmante a una película que no escatima en esfuerzos por enamorar a su público antes que dejarse enamorar por sus personajes, que no se confía a la naturalidad en las revelaciones de su desubicado protagonista y, por tanto, se empeña en hacer explícito el instante de complicidad que necesita el espectador: en la secuencia en la que Charlie (Logan Lerman) es aceptado por primera vez en una fiesta, su ya amiga y deseada Sam (Emma Watson) le introduce en el grupo con un «Bienvenido a la isla de los juguetes inadaptados». En la frase, se sintetiza el deseo del autor por apelar al destino del marginado, el codazo amable que ha perdido buena parte de la belleza del gesto original.

Con todo, «Las ventajas de ser un marginado» es capaz de forjar su propia sensibilidad sin sonar más pretenciosa de lo que sus guiños invitan a pensar. Conjugar en la misma pantalla el tema Asleep de The Smiths, un disco original de los Beatles o la pasión intrínseca que cabe en una representación de «The Rocky Horror Picture Show» (Jim Sharman, 1975) no es aquí tanto un ejercicio de acumulación gratuita de referentes, sino una pequeña y creíble constelación entre la que se abren las heridas, desengaños y alegrías de su trío principal. Y en esa constelación, la cinta refrenda su personalidad propia gracias a la convicción que unos fabulosos Logan Lerman, Emma Watson y Ezra Miller ponen en sus respectivos papeles.

Calificación: 6/10

Imágenes de «Las ventajas de ser un marginado», película distribuida en España por eOne Films Spain © 2012 Mr. Mudd y Summit Entertainment. Todos los derechos reservados.

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