Síguenos

«Los abrazos rotos»: Viaje al ego de Almodóvar

Críticas

«Los abrazos rotos»: Viaje al ego de Almodóvar

Uno de nuestros cineastas más internacionales regresa por todo lo alto, con una oda a sí mismo, a su filmografía y las películas que le han acompañado en su vida y en su carrera, en la que nada cuida el trabajo de un elenco artificial e inverosímil.

Han pasado casi tres décadas desde que Pedro Almodóvar comenzase a llamar la atención de la industria con “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”. Desde entonces, casi una veintena de largometrajes le han granjeado numerosos premios dentro y fuera de nuestras fronteras, así como una legión de seguidores ─y no pocos detractores─ que le han convertido con el paso del tiempo en el más reconocible de nuestros cineastas a nivel internacional desde tiempos de Luis Buñuel. Ahora regresa a las carteleras, sabedor de la expectativa que genera su trabajo, con una historia en la que se regodea en sí mismo y en su propia obra de manera espectacular.

los-abrazos-rotos-1.jpg

Lena (Penélope Cruz) es una secretaria frustrada que entabla una relación sentimental con un hombre mucho mayor que ella, Ernesto Martel (José Luis Gómez). Cuando el director de cine Mateo Blanco (Lluís Homar), prendado de su belleza, la convierte en protagonista de su nueva película, Martel enloquece de celos desatando una vorágine de acontecimientos que salpicarán a todos los que se encuentren alrededor del triángulo forzoso. Con “Los abrazos rotos”, el cineasta busca rendir un sentido homenaje al séptimo arte, a los clásicos con los que ha convivido y le han inspirado, dibujando una historia en la que realidad y ficción se dan la mano de manera indivisible, de suerte que los personajes sumergidos en la trama encuentran las respuestas y las salidas a unas existencias grises y fracasadas en el rodaje en el que, de una manera u otra, están implicados. Obsesión, amor, odio, celos, desconfianza, pasión, la imposibilidad de escapar de un destino trágico… temas poderosos todos ellos, insondables en su mayoría, que conllevan una gran responsabilidad para los intérpretes que han de destilar intensidad por todos los poros de su cuerpo para calar en el palco, al que han de sumergir en una zozobra vital que les acompañe tiempo después de que finalice la proyección.

los-abrazos-rotos-2.jpg

Por eso sorprende la escasa capacidad del realizador para lograr la más mínima veracidad por parte del elenco, con una dirección artística entre nefasta y sencillamente inexistente, de suerte que los momentos claves de la trama ─el artificial monólogo de Blanca Portillo es el mejor ejemplo─ ruborizan por lo forzoso y tristemente teatrero de su presentación. El reparto es, en sí mismo, un canto a su (lógico) poder de convocatoria: cameos mediocres e innecesarios ─Kira Miró, Dani Martín, Alejo Sauras─, secundarios de la nueva generación española ─ridículo Rubén Ochandiano, inexpresivo Tamar Novas─ defenestrados hasta el absurdo, y una pareja central ─Penélope Cruz y un cómicamente fornido (?) Lluís Homar─ inverosímil y postiza echan por tierra toda posibilidad de dejarse llevar por una historia calculada al milímetro para satisfacer el ego del realizador desde el mismo instante en que arranca la narración, con unos créditos iniciales en los que sólo su nombre aparece como responsable del libreto y la dirección obviando al resto del equipo implicado, a pesar de que lo más reseñable del conjunto sea la banda sonora original del siempre genial Alberto Iglesias y el trabajo de Rodrigo Prieto, capaz de exprimir al máximo la fuerza de cada imagen.

los-abrazos-rotos-3.jpg

Pudiera dar la impresión de que todo lo anterior se debe sencillamente a la relajación del cineasta; sin embargo, la pretenciosidad con la que juega con la cámara, rayana casi en lo infantil en ocasiones, anula toda sensación de distensión por su parte para subrayar definitivamente la verdad que dicta que estamos ante una oda a sí mismo en la que nada importa más allá de la mirada a su propio ombligo. Es indudable que no faltan secuencias trágicas y poderosas, en las que la genialidad del manchego late por encima de todo artificio, pero en conjunto no puede el espectador sacudirse la impresión de haber asistido a un ejercicio de autocomplacencia que sólo conecta con el observador en los momentos en los que el creador mira atrás y recuerda sus tiempos de colorida y lúdica libertad, en los que otras eran sus musas e intenciones. Un traspié artístico y creativo que no tendría más relevancia si se tratase de otro, pero que adquiere matices casi de circo mediático ─descomunal, casi desconocida por estos lares fue la asistencia de periodistas a la presentación del film─ cuando tras las cámaras ─casi por encima de ellas─ se halla alguien a quien se considera “universal”, sin duda justo y más que merecido calificativo para quien nos ha regalado y aún nos ha de regalar trabajos memorables. Pero no todo vale…

Calificación: 3/10

En las imágenes: Fotogramas de “Los abrazos rotos” © 2009 El Deseo. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Subir