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«Los amantes pasajeros»: Hedonismo low cost

Críticas

«Los amantes pasajeros»: Hedonismo low cost

«Los amantes pasajeros» podrá bastarse con sus ramalazos poperos y su actitud festiva, pero es una comedia ínfima y torpe, de un espíritu de sketch subversivo que podía valer para los 80, pero que aquí se revela como modelo caduco y plasta.

Que Pedro Almodóvar vuelva a sus fueros pop tras años de tránsito por otros géneros no es, en sí, una mala noticia. Que el director manchego opte por reventar la supuesta madurez dramática de su filmografía en favor de un ejercicio puramente lúdico, tampoco es algo que debiera apartarle de su mejor versión, aquella que también podía leerse en la cruzada de Carmen Maura en «Mujeres al borde de un ataque de nervios» (1988). Al fin y al cabo, el autor siempre debería reservar como mínimo una obra a esa exploración sin límites del los placeres en ningún caso culpables, liberar indiscriminadamente sus impulsos en la celebración de una sensibilidad expresada sin coartadas ni cortapisas. El problema viene cuando en ese gesto pop vive la complacencia, la autojustificación y, en definitiva, la idea de que frente a él no existe un público que espera algo más de correspondencia que la que ofrece una ficción enamorada de su propia ligereza. El problema, además, es cuando dicha posición funciona como pantalla que oculta la falta de forma de un cineasta para la comedia o, peor aún, el hecho de que por una vez no tenga nada que decir.

Carlos Areces y Raúl Arévalo en Los amantes pasajeros

«Los amantes pasajeros» (ver tráiler) podrá bastarse y quererse con sus ramalazos poperos y su actitud festiva, pero desde el minuto uno da muestras de una comedia ínfima que se ejecuta con exasperante torpeza: desde el diálogo que mantienen Antonio Banderas y Penélope Cruz en una primera escena que ya huele a género oxidado, la película se sustenta en una sucesión de chascarrillos, chistes de vergüenza ajena —«Tengo que hacer una llamada», anuncia uno de los pasajeros,  «¿Una mamada?», le pregunta uno de los azafatas de vuelo— y enredos mayormente sexuales que esbozan las ganas de soltarse la melena, pero que hacen de sus protagonistas meros personajes basura que sabotean cualquier credibilidad. Y como si el situarlos en la estratosfera le eximiera de rendir cuentas a toda cohesión narrativa, Almodóvar se desentiende, según convenga, tanto de la crisis que les enmarca a todos como de la que fugazmente propone para cada uno de ellos —un asesino a sueldo enamorado, una solterona con capacidades paranormales que quiere perder la virginidad—, regodeándose en un espíritu de sketch subversivo que podía valer para la década de los 80, pero que aquí se revela como modelo caduco y plasta carne del especial rancio de Nochevieja.

imagen de Los amantes pasajeros

En un esfuerzo loable por volver al terreno perdido sin dejar de lado un humor vigente, reconocible más allá del fan almodovariano, el realizador deja un par de brochazos quizá evidentes, pero al menos estimables en su crítica al desbocado exhibicionismo de las redes sociales y la corrupción galopante representada en un aeropuerto fantasma. Son, no obstante, dos puyas aisladas que apenas arañan en un conjunto más preocupado por sacar las plumas que por buscar una carcajada que signifique algo para alguien más que para su firmante.

Calificación: 3/10

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Imágenes de «Los amantes pasajeros», película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2013 El Deseo. Todos los derechos reservados.

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