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«Los cronocrímenes»: Pesadilla redentora

Críticas

«Los cronocrímenes»: Pesadilla redentora

Tras su éxito como cortometrajista, Nacho Vigalondo sigue los pasos de otros jóvenes directores que han querido iniciar su carrera desde el cine de género. “Los cronocrímenes” encuentra en el thriller fantástico y el suspense la manera de ganarse al público como ya hicieran “El orfanato” y “[Rec]”, películas con las que comparte originalidad y capacidad para capturar la atención del espectador, gracias sobre todo a un guión muy ajustado en los más mínimos detalles. Sin duda, este viaje a través del túnel del tiempo ha sido visitado por películas como “Primer” o “Regreso al futuro”, pero Vigalondo abandona las pretensiones científicas de la primera y rehuye el tono puramente lúdico de la segunda, para moverse en un terreno más cinematográfico, con Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick como referencias, y dotarle de cierta hondura filosófica.

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Una película que explota su condición de pequeña producción, con pocos personajes y localizaciones, una técnica digital con fotografía realista y factura casera, y sobre todo con una idea brillante y una calculada labor de montaje. Con todos esos elementos, logra generar atmósferas llenas de tensión dramática, donde el protagonista tiene que luchar contra el fantasma vendado y contra el tiempo que se vuelve contra él mismo. Poco se debe decir de su argumento, que puede verse como un divertimento en torno al tiempo y a los intentos por corregir los acontecimientos del pasado o prever los del futuro, pero que también admite una segunda lectura de mayor profundidad que nos permitiría interesantes reflexiones sobre la propia identidad —por algo uno de los personajes aparece con el rostro oculto bajo unas vendas—, sobre la conciencia y la culpa —con el deseo, la infidelidad y la purgación como fases oníricas de un marido vulgar—, sobre la mirada del espectador cinematográfico que crea en su imaginario su propia representación de la realidad. Voyeurismo, imaginación y conciencia como las tres etapas de la persona que busca nuevas realidades —insatisfecho con lo que tiene—, cuidando sus emociones y no poniendo en peligro el amor de su vida, para terminar aceptando el presente y su condición de criatura, rechazando la tentación de querer ser Dios y dominar el sentido de la Historia.

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Bajo el influjo del videojuego y con un guión de hierro plagado de detalles y objetos que sirven de nexo a una trama múltiple, el montaje hace que las piezas del puzle encajen a la perfección en cada visión. Los pequeños trozos de realidad se reproducen con exactitud como en un espejo, aunque cambiando el punto de vista y aumentando la complejidad de una historia que va ganando cuerpo y tensión dramática conforme avanza. Al final el bucle emocional y existencial cobra sentido, y todo se adivina como una mala pesadilla de quien se dejó llevar por una mirada impúdica, arrastrado por el deseo de una bella mujer y de salir de la rutina conyugal. Si guión y montaje merecen todos los elogios, en cambio la puesta en escena resulta a veces algo artificiosa y pretenciosa, con una música muy subrayada y unos efectos sonoros enfáticos. Pero son las interpretaciones —y la pésima dirección de actores— el punto más flojo de la cinta: sin fuerza dramática ni frescura, sin emociones verdaderas, los rostros de Karra Elejalde y del propio Vigalondo siempre con el ceño fruncido —haciendo de Hitchcock o Shyamalan— sólo reflejan un desconcierto continuo y van a rebufo de la historia, mientras que Bárbara Goenaga apenas luce una cara mona y un cuerpo desnudo.

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Por otro lado, la cámara dirige la mirada del espectador de manera unidireccional, para que se fije en un móvil, en una nota escrita en el calendario o en unas tijeras, para que reconstruya la historia dándole la información justa y en el momento preciso: es un voyeur que toma sus propios prismáticos para convertirse en un ser omnisciente que contempla las tres vidas y tiempos mostrados, que permanece activo y angustiado por el desenlace del laberinto generado. Una película interesante, rara avis en el cine español, ideal para los amantes del thriller metafísico y emocional, del suspense y el cientificismo de ficción, del juego temporal y los guiños cinéfilos.

Calificación: 6/10

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  • En las imágenes: Escenas de «Los cronocrímenes» – Copyright © 2007 Karbo Vantas Entertainment, ZIP Films y Fine Productions. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.

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