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Críticas

«Los descendientes»: La caja de Pandora y sus afectos

En «Los descendientes», Alexander Payne propone un viaje emocional de estructura lineal y factura sencilla, convencional y sin más sorpresas que las que su protagonista encuentra, con un George Clooney atractivo en su imperfección.

La vida es como una caja de bombones, y nunca sabes lo que te va a tocar. La frase es de Forrest Gump y de cualquiera que, como Matt King, vea que todo a su alrededor se derrumba en un momento determinado y descubra que no era oro todo lo que relucía. Así se encuentra este abogado delante de su mujer Elizabeth, en coma tras un accidente en lancha motora, y con dos hijas a las que ha desatendido y de las que ahora tiene que ocuparse. Matt es también administrador de la herencia de unos terrenos de playa tropical en Hawai, y con sus primos se plantea venderlos para lucrativos negocios inmobiliarios. Pero, como las desgracias nunca vienen solas, pronto descubre que su mujer le era infiel, circunstancia que le hace replantearse el futuro y su vida familiar. Así comienza «Los descendientes» (ver tráiler y escenas), la última película de Alexander Payne protagonizada por George Clooney, que llega después de haber obtenido buenas críticas y dos Globos de Oro®, mientras se postula como una de las favoritas para los Oscar®.

Junto al propio Matt iniciamos un viaje emocional en el que veremos cómo abre una caja de Pandora llena de sorpresas, con sentimientos encontrados hacia su esposa, con unas hijas a quienes realmente no conoce y una nueva oportunidad para aprender a callar y perdonar, a conducirse pensando en el bien de los demás, a sortear la ira y la venganza que le asaltan. A su lado, su hija Alexandra sentirá como nadie el desconcierto y enfado de una adolescente que abandona el idealismo para caer en la indignación de la injusticia. Completan el grupo una niña un poco malcriada, pero inocente y simpática, y un joven desprejuiciado que esconde un corazón herido y que ahora acompaña a Alex. Ellos son como las islas del archipiélago familiar, juntos en la desgracia pero con distintas maneras de afrontarla. Y es también el momento decisivo en el que unas tierras vírgenes podrían desaparecer bajo la explotación turística, al igual que esas personas podrían flaquear y sucumbir ante lo que el cuerpo les pide.

No es la primera vez que el cine nos presenta a un padre que tiene que asumir sus responsabilidades tras un acontecimiento trágico. El director de «Entre copas (Sideways)» (2004) lo hace con una cinta de estructura lineal y factura sencilla, convencional y sin más sorpresas que las que su protagonista encuentra. Evita Payne el peligro de caer en el folleto turístico promocional o en el panfleto ecologista, aunque imágenes y ocasiones no le faltan para ello. Aguardamos lo extraordinario y lo genial con algún giro narrativo decisivo, y esto sólo llega a partir de lo cotidiano y desde su mirada humana y comprensiva. La cámara busca continuamente a George Clooney, para arrancar comicidad con sus gestos o sus ridículas carreras, para descubrir las reacciones y heroicidades de un personaje entrañable y curtido en el trabajo, atractivo en su imperfección. Pero mejor que él está Shailene Woodley en su papel de enfurecida y descontrolada adolescente, mientras que el resto son secundarios muy secundarios, sin apenas desarrollo ni entretelas.

Un viaje de idas y venidas a la cruda realidad, de vuelos de una isla a otra en busca de una respuesta existencial, de vaivenes que van desde la ira al perdón y de éste al arrepentimiento, de reencuentros para vender un territorio que recibieron en herencia —subtrama que no queda del todo bien ensamblada—, de una autoridad paterna cuestionada y de unos hijos descuidados en su educación. Por otro lado, Payne acierta más al dejar algunos sentimientos en silencio y en el fondo de la caja que al exponerlos de manera manifiesta y con la ayuda de la música. Al final, una nueva familia destrozada y en descomposición por la dejadez y la infidelidad, y una nueva oportunidad para rehacerse con el perdón y el amor, porque de todo se encuentra en esta caja de Pandora de buenos sentimientos, plácidos y suaves porque el realismo de Payne es tamizado por el filtro del optimismo esperanzado. La película dejará satisfecho al espectador que quiera darse un paseo por el paraíso emocional —con sus debilidades y rectificaciones—, y tomarse un delicioso bombón relleno de licor un poco amargo, pero también algo dulce.

Calificación: 7/10


Imágenes de “Los descendientes”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2011 Fox Searchlight Pictures y Ad Hominem Enterprises. Todos los derechos reservados.

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