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«Los mercenarios 2»: La (pen)última juerga

Críticas

«Los mercenarios 2»: La (pen)última juerga

«Los mercenarios 2» es una reunión de viejas glorias más divertida y salvaje que la primera entrega. Simon West aporta solvencia tras la cámara en este homenaje al género de los 80 en el que no faltan los guiños y los chascarrillos de rigor.

Los diez primeros minutos de «Los mercenarios 2» (ver tráiler y escena) ponen las cartas sobre la mesa. Ese grupo salvaje compuesto de viejas glorias del cine de acción de los 80, legítimos herederos y bestias varias entran como un elefante en una cacharrería en un pueblo sitiado por un ejército enemigo al que reducen, casi literalmente, a pedazos. No hay sutileza ni replanteamientos que valgan: ese prólogo ya dispone el tono salvaje y prepara al admirador del action hero hiperbólico para una secuela que rápidamente se revela como corregido y aumentado de la anterior entrega. El motivo final de esa incursión paramilitar es, por cierto, la prueba de corte para el espectador: la vergüenza y la mofa de y para con el ilustre rescatado dejan a las claras un compadreo que requiere de su complicidad para disfrutar de la fiesta.

Simon West, cuyo debut «Con Air (Convictos en el aire)» (1997) bien podría ser visto como el disparatado reverso de la que aquí nos ocupa, firma 15 años después una cinta en la que compensa los déficits que Sylvester Stallonealma mater y maestro de ceremonias de la saga—, dejaba entrever en la dirección de «Los mercenarios» (2010). Por un lado, West aporta la solvencia ya demostrada en títulos como «The mechanic» (2011), más fundamentada en el montaje y en la acción cuerpo a cuerpo que en el brillo de la set piece. Y por el otro, el director se postula como ese compañero de parranda que se presta sin vergüenza todos los guiños, chascarrillos y punch line que despliega el guion escrito por Stallone y Richard Wenk. Un cóctel de humor y acción autorreferencial mejor digerido que en el filme precedente y en el que tanto cabe el reciclaje del chiste à la Ian Spector como la batalla de egos o los achaques de la edad.

Celebración cariñosa de un cine pasado sin vocación recuperadora, «Los mercenarios 2» no dibuja posibles herencias —sólo Jason Statham permanece como figura inamovible de una nueva generación— ni despliega líneas de adaptación a los nuevos tiempos. Antes al contrario, encuentra plena satisfacción y razón de ser en la idea de una (pen)última juerga en la que probar la inagotable resistencia con la que algunos de sus iconos al paso del tiempo. Como ese Jean-Claude Van Damme, antes sometido al desnudo emocional de «JCVD» (Mabrouk El Mechri, 2008), ahora incombustible como archivillano de carisma a medio desarrollar.

Calificación: 6/10


Imágenes de «Los mercenarios 2», película distribuida en España por Aurum © 2012 Millennium Films y Nu Image Films. Todos los derechos reservados.

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