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«Los sustitutos (Surrogates)»: Distopía conformista

Críticas

«Los sustitutos (Surrogates)»: Distopía conformista

«Los sustitutos» tenía mimbres de gran ciencia-ficción, pero acaba siendo un thriller menor. Su excesivo conformismo merma las posibilidades de la historia, si bien no se puede negar la solvencia de Jonathan Mostow en el ejercicio del género.

En la última escena de «Terminator 3: La rebelión de las máquinas» (2003), Jonathan Mostow tomaba el camino determinista e irrevocable de abrir las puertas a un mundo dominado por las máquinas, el último paso antes de proclamar la tecnocracia definitiva. El escenario post-apocalíptico de la reciente «Terminator salvation» bien podría haberse sustituido por la (falsa) utopía presentada por Robert Venditti y Brett Weldele en su cómic «Los sustitutos (Surrogates)». Mostow adapta esa consecuencia última de la dictadura de la estética, en forma de thriller menos interesado en la exploración de vertientes metafísicas y tecnofóbicas que en apegarse a un esquema clásico del relato de distopía: presentación de la aparente utopía, descubrimiento de las contradicciones de mano de un escéptico, derrocamiento y renacimiento social.

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«Los sustitutos» tenía mimbres de gran ciencia-ficción, una premisa dispuesta a conjugar acción desenfadada con alguna reflexión acerca de la pérdida de humanidad, una «Blade runner» (Ridley Scott, 1982) quizá menos trascendente y ampulosa, pero también estimable. No ha sido así. En su lugar, queda un producto mucho más al uso de lo que desearíamos admitir, un thriller empeñado en ser menor a toda costa, en minimizar su impacto sobre el espectador y proclamarse como mero entretenimiento sin muchas aspiraciones. Mostow, recordemos, venía de marcarse las estupendas «Breakdown» (1997) y «U-571» (2000) y de dar la imprevista y estimulante réplica a James Cameron en la saga «Terminator». El bagaje, muy probablemente, le hace firme candidato a erigirse entre otros nombres del cine de acción, pero la candidatura se renueva en cada entrega ante los ajustadísimos presupuestos de su narrativa.

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Lo que no quiere decir que «Los sustitutos» no sea un thriller eficaz. Demuestra meticulosidad en crear un futuro probable (inquietante el maquillaje, llevado hasta la plasticidad del rostro), el de la libre experiencia hedonista sin riesgo de mortalidad, el de los placeres inducidos y la maximización de la apariencia. Tampoco puede decirse que fracase articulando su trama, perfectamente coherente y perfectamente habitual, sin apenas margen para la improvisación. El problema viene, más bien, dado por la empecinada baja intensidad de Mostow, por un excesivo conformismo que merma las posibilidades de la historia, más preocupada por el drama matrimonial de su protagonista que por elevar su sci-fi action. Bruce Willis no es un tecnófobo completo, como lo era John McClane en «La jungla 4.0» o Del Spooner (Will Smith) en «Yo, robot» (Alex Proyas, 2004), pero hace creíble la desesperanza de su personaje sin renunciar del todo a las marcas que definen su celebérrimo personaje-subgénero.

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Con todo, cabe constatar alguna imagen memorable (la desconexión de una sociedad) o la plena forma del realizador cuando de persecuciones se trata (la de Willis al equivalente robótico de Radha Mitchell es, muy seguramente, consciente de su antecedente en «Terminator 3: La rebelión de las máquinas»). Además, su timing y su ajustada duración tampoco dejan lugar a dudas de la solvencia del realizador en el ejercicio del género. Aunque sigamos esperando, para un futuro no muy lejano, mayores atrevimientos de su parte.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Los sustitutos (Surrogates)” – Copyright © 2009 Touchstone Pictures, Mandeville Films y Top Shelf Productions. Fotos por Stephen Vaughan. Distribuida en España por Buena Vista International Spain. Todos los derechos reservados.

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