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«Luna caliente»: Aranda, a lo suyo

Críticas

«Luna caliente»: Aranda, a lo suyo

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Vicente Aranda sigue incansable y vuelve con una historia cargada de carne ambientada en la España del proceso de Burgos. Desgraciadamente, el director mantiene su línea descendente con una propuesta fallida y decepcionante.

Juan (Eduard Fernández), trabajador de la UNESCO en París, regresa a España durante unas vacaciones. Tras una cena con unos amigos, flirtea con Ramona (Thaïs Blume), la hija de estos, y la viola. A partir de ahí, todo se viene abajo ─y no sólo la historia─ en “Luna caliente”, adaptación del incansable Vicente Aranda de la novela homónima de Mempo Giardinelli que traslada la acción del texto de Argentina a la dictadura franquista en 1970, mientras tiene lugar el proceso de Burgos. Con esta nueva propuesta, el otrora clave cineasta demuestra que sigue en un punto muerto creativo, aunque todo en esta ocasión se remoza de un surrealismo lisérgico ─involuntario, por desgracia─ que hace más llevadero el conjunto, por endeble que resulte cada minuto de su ajustado metraje.

Con presuposiciones de thriller negro e inclinaciones eróticas, la película juega en terrenos cien por cien arandianos en la disposición de una improbable Blume como femme ─casi enfant─ fatale de aspecto contemporáneo y actitud inmutable, y que tras ser forzada se enamora de su agresor, un Fernández desquiciado ante el que no cederá en ningún momento, dominando la situación de principio a fin. Del conflicto que surge por el arrebatamiento del poeta, que caerá en una vorágine de grotesca fogosidad constante y homicida, toma Aranda la inercia necesaria para invitar al espectador a un descenso a los abismos de la locura presentado como si hubiese decidido grabar los ensayos y darlos por buenos, en un ejemplo de inexistencia de dirección de actores realmente sorprendente y alucinado; afortunadamente, cuenta en su elenco con nombres sobradamente dispuestos a garantizar de modo casi inconsciente su solvencia, salvando del desastre global esta modestísima producción, más propia de un novel despistado que de un batallador del medio con más de cuatro décadas de trabajo sobre sus espaldas.

Involuntaria y progresivamente cómica, bobamente polémica en su contextualización histórica, en un momento en el que las motivaciones de ETA contaban con el apoyo de buena parte del estrato intelectual de nuestro país, “Luna caliente” busca además ─y esto es ya cuestión preocupante─ alcanzar injustificamente un palco más elevado mediante la inserción de citas literarias que, en lugar de sugerir, quedan como una torpe herramienta explicativa de lo que Aranda quiere pero no logra contarnos; los momentos tórridos, por otra parte, son poco más que un vehículo para que la protagonista luzca sus evidentes encantos para regocijo del palco, a pesar de que el morbo pretendido quede infinitamente desatinado ante lo imposible del planteamiento de algunas secuencias, que parecen surgidas de la imaginación de un Ballard trasnochado en horas bajas. Un pequeño despropósito cinematográfico, que encuentra su mayor tragedia en el hecho de que, pese a su falta de pretensiones, se queda muy lejos de lograr siquiera trazar un boceto aproximado de lo que le gustaría ser.

Calificación: 3/10

En las imágenes: Fotogramas de “Luna caliente” © 2009 Viviana Films y Cre-Acción Films. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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