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«Más allá de la duda»: Nada de nada

Críticas

«Más allá de la duda»: Nada de nada

Un thriller pobremente planteado por el temible Peter Hyams, realizador todoterreno incapaz de imprimir emoción a una propuesta insulsa y carente de interés, más allá de una sobremesa televisiva. 

A estas alturas, afirmar lo innecesario del bombardeo de remakes que infestan la cartelera prácticamente carece de sentido. Constituido ya como un ramal cinematográfico propio, alejado de sus orígenes como tendencia casual y esporádica, el género revisitador se permite incluso piruetas temporales como comenzar a clonar un título antes de que éste se estrene en su país de origen ─hablamos de “[Rec]” y “Quarantine”, por supuesto─. Así las cosas, desembarca ahora en nuestro circuito una nueva visión de un clásico de Fritz Lang, último título rodado por el legendario realizador germano en Estados Unidos en 1956. El responsable, Peter Hyams, errático y temible cineasta cuyos dos últimos trabajos basculan entre lo lamentable (“El mosquetero”) y lo definitivamente vergonzante (“El sonido del trueno”), así que el pobre resultado entra dentro de lo esperable.

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C.J. Nichols (insulso Jesse Metcalfe) es un ambicioso periodista de investigación a la caza del reportaje que le haga merecedor del ansiado Pulitzer. Está absolutamente convencido de que el fiscal estrella Mark Hunter (Michael Douglas) oculta algo en su impecable currículo, repleto de triunfos que le encaminan directamente a convertirse en gobernador, así que decide amañar un caso para ponerle en evidencia. El riesgo es grande, pero no le importa si logra su objetivo. A pesar de la mediocridad que impera de principio a fin en “Más allá de la duda”, no deja de resultar curioso y divertido que durante la primera mitad del metraje la película se sostenga con bastante soltura, más por lo blando e indirectamente cómico de las situaciones que se suceden que por el brío que Hyams trata de imprimir a un ritmo marcado a golpe de planos rapidísimos que saturan la vista y hastían por lo aturullado de su disposición en la sala de montaje. La preparación de la farsa por parte de Nichols y su compañero, Corey Finley (Joel David Moore) resulta tan burda como poco convincente, encaminada en su absoluto a desenmascarar a un obligadamente demonizado pero anecdótico Michael Douglas con quien no parece ir la cosa en ningún momento. Y en el momento cumbre… se va al garete, sin más, gracias a una secuencia absurda y torpe, decisivamente imposible y rayana en lo hilarante.

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A partir de aquí, la ya de por sí endeble puesta en escena se hunde hasta que todo se tiñe definitivamente del color de un producto televisivo de sobremesa, en el que el conjunto es tan previsible, tan ñoño, tan fútil, que no despierta el más mínimo interés. Poco importa que se pretenda insuflar nuevos aires al cine negro aunando modernidad y clasicismo a base de apoyar el tempo narrativo en una banda sonora de aires tradicionales y grandilocuentes, o que se juegue adelante y atrás con el espectador de una manera tan infantil como imposiblemente tramposa. Por supuesto, el giro final esconde otro giro final, como no podía ser de otra manera, aunque el palco ya sabe de qué va todo mucho antes de que salga a la luz con independencia de que conozca o no el referente original. Hyams ocupa, además de la butaca de director, los puestos de guionista y director de fotografía, y, a pesar de su empeño, la factura de la propuesta deja mucho que desear. De donde no hay, no se puede sacar.

Calificación: 4/10

En las imágenes: Fotogramas de “Más allá de la duda” © 2009 Autonomous Films, Foresight Unlimited, RKO Pictures y Signature Entertainment. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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