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«Más allá de la vida»: Tortuosa parapsicología

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«Más allá de la vida»: Tortuosa parapsicología

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«Más allá de la vida» encuentra a varios Eastwood en una armonía raramente disonante. Una cinta irregular pero extrañamente honesta, en la que tanto encontramos el director sensible y reposado como el torpe y falto de tacto.

Más allá de prestigios oficialmente irrefutables, de redenciones incondicionales ganadas a pulso de proclamar su condición de animal clásico, el Clint Eastwood de los últimos tiempos se ha caracterizado por una progresión filmográfica difícilmente identificable en la que el director tanto ha sido magistral autor de melodramas de turbios estratos («Mystic River», «El intercambio») como cineasta precipitado en su ansiedad por abordar grandes temas con la boca pequeña («Gran Torino»). Sin embargo, hay un denominador común —y temático— que recorre lo mejor de su último cine: la infancia desamparada y constantemente expuesta a las atrocidades de un mundo en el que ha dejado de existir la inocencia, cuestión presente ya en la lejana —e imperfecta— «Un mundo perfecto» (1993), y de nuevo recurrido en su último trabajo como insospechado catalizador de los mejores momentos de este.

«Más allá de la vida» (ver tráiler) encuentra a varios Eastwood en una armonía raramente disonante. En una película que aúna devastación humana, reflexiones intuidas sobre el más allá, soledad en varias formas y conexión global —sin ínfulas contagiadas del cine de IñárrituArriaga, por fortuna—, se dan cita el director de oficio sólido —la secuencia del maremoto o la del metro de Londres— y el asombrosamente falto de tacto —las escenas de Marie Lelay (Cécile De France) en la editorial o en el restaurante con su pareja, de una torpeza inusitada—, el cineasta sensible y reposado —la escena de la cata en el curso de cocina entre Matt Damon y Bryce Dallas Howard— y el incapaz de dotar de alguna profundidad a sus personajes —el hermano obcecado interpretado por Jay Mohr, el amante distante al que interpreta Thierry Neuvic—. Todos esos cineastas están ahí y se alían con un libreto de Peter Morgan más brillante en su empaque general y reconciliación de tramas que en el detalle, en el diálogo concreto. Todos presentes para dar irregular forma a un conjunto más pretencioso en su premisa que en su práctica, de una extraña honestidad que templa el afán de trascendencia  y acota una obra que parece librar su propia batalla interior a cada paso que da.

Auténtica rara avis en su filmografía, es probable que «Más allá de la vida» nunca encuentre su lugar —o al menos, un lugar cómodamente definido— en la trayectoria de su director. Pero si hubiera un nexo conciliador, uno que pudiera conectar mejor con el resto del cine de Eastwood y que mejor definiera sus virtudes, ese sería el representado por el niño McLaren en su personaje de Marcus, a la postre el verdadero equilibrio emocional en un filme hecho de constantes desequilibrios.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Más allá de la vida” – Copyright © 2010 Warner Bros. Pictures, Kennedy/Marshall Company y Malpaso Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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