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«Más allá de la vida»: Trascendencia facilona

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«Más allá de la vida»: Trascendencia facilona

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Arranca con fuerza, pero luego se sumerge en momentos y situaciones forzadas por un guión de trazo grueso y facilón de Peter Morgan. Si la cinta no estuviera firmada por Clint Eastwood, apenas superaría el nivel de telefilme para la siesta.

Muchas veces, el cine de M. Night Shyamalan vestía un mensaje new age bastante simplón y de consumo rápido, pero al menos las vestimentas eran de primera: dominio de la narración cinematográfica, momentos que eran pura lección de cine, una maestría que uno habría preferido dedicada a objetivos que la mereciesen más. Lo que uno nunca habría imaginado es que algo similar ocurriría con una obra del único clásico vivo, Clint Eastwood. Efectivamente, los peores temores de quien esto escribe se han confirmado: «Más allá de la vida» (ver tráiler) es tan simple como amenazaba ser en su tráiler.

Vayamos por partes: Clint es Clint y eso siempre se nota, incluso en sus proyectos fallidos. Y «Más allá de la vida» no es excepción: arranca con fuerza, con una estupenda secuencia del tsunami en la que la cámara toma la perspectiva de la protagonista para transmitir la potencia destructora del fenómeno. Y poco después, ofrece otra que contiene cine de muchos quilates, la que nos introduce en la historia del niño inglés. Pero, a partir de ese momento, poco hay que decir y no porque los actores no estén a la altura —Eastwood sigue sabiendo cómo sacarles estupendas interpretaciones—, sino porque el guión —sorprendentemente firmado por Peter Morgan les obliga a transitar por momentos y situaciones demasiado forzados. Por no hablar del trazo grueso y facilón con el que viene dada la idea de la vida más allá de la muerte; desde luego, poca trascendencia existe en lo que se ofrece más como solución de libro barato de autoayuda que como verdadera indagación en el misterio de lo que nos espera al otro lado.

Y eso que la jugada, al menos, se aferra a una sobriedad que es de agradecer, por cuanto no abusa del recurso a lo sentimental(oide). En este sentido, las escenas del médium a su pesar al que interpreta Matt Damon están bien planteadas, y brillan especialmente aquellas en las que comparte plano con una —de nuevo— maravillosa Bryce Dallas Howard, no por casualidad musa en algunos de los mejores títulos de Shyamalan, “El bosque” (2004) y “La joven del agua” (2006). Pero todo lo demás, desgraciadamente, hace aguas.

Y las hace porque la representación de lo que Damon entrevé del otro mundo es poco convincente, porque se fuerza demasiado la trama para que los caminos de los protagonistas terminen cruzándose de una manera muy poco creíble, y porque cuesta entender cómo el firmante del libreto de esa maravilla tan sutil que era “The queen (La reina)” (Stephen Frears, 2006) pueda ser el mismo que el de esta película que, digámoslo ya, de no estar firmada por el genio de “Sin perdón” (1992), apenas superaría el nivel de telefilme destinado a la poco exigente hora de la siesta.

Ya puestos, mejor dejar este camino, porque podría plantearnos una cuestión aún más espinosa: ¿cómo puede ser que un director capaz de firmar las sugerentes e inteligentes “Bird” (1988) y “Medianoche en el jardín del bien y del mal” (1997) haya firmado una cinta como esta? ¿Es la edad? ¿La imposibilidad de despachar una obra maestra cada año…? Es curioso que sea cuando baja el listón de trascendencia —caso de “Gran Torino”— (2008), cuando más afina el tiro últimamente. Esperemos que «Hoover», su nuevo proyecto, le devuelva a la buena senda. Respecto al otro, ese que dicen que le llevará al terreno del musical con Beyoncé al frente del reparto… dejémoslo así: no puede salirle peor que esta. Al menos, es un comienzo.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Escenas de “Más allá de la vida” – Copyright © 2010 Warner Bros. Pictures, Kennedy/Marshall Company y Malpaso Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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