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«Medidas extraordinarias»: La enfermedad huérfana

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«Medidas extraordinarias»: La enfermedad huérfana

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Harrison Ford y Brendan Fraser enfrentan razón y corazón en su lucha contra la enfermedad de Pompe. Una película que, sin perder nunca un aura positivista, presenta un drama terrible. El aura telefílmica, una vez más, lo empapa todo.

John (Brendan Fraser) y Aileen Crowley (Keri Russell) tienen tres hijos, dos de ellos aquejados de la enfermedad de Pompe, que atrofia y degenera los músculos anulando la esperanza de vida más allá de los nueve o diez años. Cuando entran en contacto con el doctor Robert Stonehill (Harrison Ford) ven una oportunidad de salvar a sus retoños. “Medidas extraordinarias” se basa en el exitoso artículo y posterior libro “The Cure”, de la periodista y escritora Geeta Anand, estableciendo una base real lo suficientemente atractiva como para orquestar una producción que, ya desde su mismo punto de partida, corre el riesgo de caer de cabeza en los fangosos terrenos del lacrimógeno telefilm de sobremesa. Hasta cierto punto es una percepción inevitable, que termina pesando demasiado tal vez por los quiméricos caminos por los que el director Tom Vaughan transita, tratando de huir del melodramón de moqueo permanente.

El positivismo que impregna una historia de luchas y enfrentamientos constantes ante adversidades de muy distinto alcance y calado es la principal herramienta utilizada para eludir la presuposición del espectador, que no se encuentra contemplando pañuelo en mano un relato dispuesto a revolver su ánimo en un constante ir y venir de hospitales y, si todo se tuerce definitivamente, funerales infantiles. El verdadero empuje de la narración se encuentra en el ánimo de Crowley, en su lucha contra un sistema hostil desde la indeferencia que relega a este mal a un segundo nivel de relevancia ─ “enfermedad huérfana” es el término aplicado al Pompe─ por su escasa incidencia en términos sociales. Una vez abandonado todo en aras de la consecución del milagro, le acompañamos en su alzamiento frente al Goliat corporativo y empresarial, sin perder nunca un toque de constante amabilidad que se ajusta a la fisonomía y aptitud de Brendan Fraser, actor siempre extraño en sus recreaciones más dramáticas.

Sin pretender polémicas excesivas, y resultando anodina en su falta de sensación trágica general, la película luce correcta, sin más, a todos los niveles, sin histrionismos ni luminiscencias fenomenales, dibujando un peculiar contraste entre la extraña pareja principal; curiosamente, semejante cordialidad estructural ─sin restar peso al dramático fondo del relato─ desequilibra los momentos netamente lacrimosos, que resultan incluso chocantes en la consideración del conjunto. Porque un halo de ficción reconstructiva recorre la misma esencia de la película, alejando al espectador de la verdadera constatación de que estamos ante un hecho palpable y de plena actualidad. Y ahí, en la excesivamente simulada puesta en escena de una vivencia terrible e impenetrable para la mayoría de nosotros, se ahoga una propuesta que, con todo, nos reconcilia en los triunfos del individuo sobre la empresa y nos regocija ante la intuición de que es posible un mundo mejor, en el que los sacrificios obren milagros difícilmente alcanzables en circunstancias corrientes.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Medidas extraordinarias” © 2010 CBS Films y Double Feature Films. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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