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«Melancolía»: La tristeza tiene nombre de planeta

Críticas

«Melancolía»: La tristeza tiene nombre de planeta

 «Melancolía» nos devuelve la mejor versión de Lars von Trier en una película trenzada por un estado anímico depresivo, que en este caso bautiza un planeta. Grandes interpretaciones de Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg.

Lars von Trier hace que Justine (Kirsten Dunst), la protagonista de «Melancolía» (ver tráiler y escenas), abjure de su trabajo de publicista en una escena de la película, pero el arranque parecería expresar lo contrario, con una sucesión de imágenes acompañadas por la música de Richard Wagner omnipresente en toda la cinta, en las que se nos adelanta el contenido de lo que vamos a ver con una serie de cuadros levemente animados, de una perfección pictórica tocada por esa belleza que tan fácilmente vemos en los anuncios televisivos. Unas imágenes que, todo hay que decirlo, nos remiten al mejor Von Trier, el mismo capaz de balancearse entre la artificiosidad y el realismo extremo sin perder el equilibrio en —casi— ningún momento.

La película aparece trenzada por la idea de la depresión, un estado anímico que, en última instancia, lleva a quien la sufre al convencimiento de la inutilidad de cualquier esfuerzo, de la fatalidad intrínseca a que conduce la vida, de que la única verdad incontrovertible es la de que nada tiene sentido y, por mucho que se esfuerce uno, sólo existe un final posible, el de la muerte, la destrucción y la desaparición sin dejar el menor rastro.

Así, el relato de cómo el planeta gigante Melancolía atraviesa el espacio en ruta hacia la colisión contra una Tierra abocada a su completa desaparición del Universo, y con ella la de toda forma de vida conocida, no parece más que la extensión de la depresión profunda de la protagonista, incapaz no sólo de disfrutar una boda supuestamente calculada al milímetro para producir felicidad —y en realidad, y tal vez por eso, doblemente deprimente—, sino de insuflar su mismo hálito frío y desalentador a todos los que la rodean, a los que contempla en realidad como si fueran extraños ignorantes incapaces de asimilar algo tan sencillo como la inutilidad de todo.

Frente al personaje de Justine, se eleva su hermana Claire, una Charlotte Gainsbourg que está, como mínimo, a la altura de la intérprete norteamericana, necesitada de que una capa de solidez inalterada cubra su existencia rutinaria de esposa de un hombre acaudalado (Kiefer Sutherland) que la aparta de la necesidad de plantearse pregunta alguna. Por eso, la irrupción del planeta acabará llevándola a una lucha absurda por enfrentar lo inenfrentable y, curiosamente, a buscar respuestas y tranquilidad en la única persona que, aparentemente, parece haber comprendido que se trata de un esfuerzo absurdo: su hermana, a la que siempre ha cuidado con una devoción quizá movida por el deseo de devolverla, también a ella, al cómodo carril de las cosas que son como deben ser.

Con estos mimbres, Von Trier narra, en realidad, una fábula, porque tanto en el desarrollo de la historia como en su planteamiento es inútil aplicar criterios lógicos —¿es que los protagonistas viven de verdad tan aislados del mundo para no ser conscientes de la profunda conmoción que la noticia de la llegada de Melancolía, suponemos, estará provocando en el mundo?—. Por el contrario, la cinta se eleva cuando observa el fin del mundo desde la escala de una pieza de cámara, con unos personajes quizá trazados con excesivo esquematismo, pero con una potencia poética que nos devuelve lo mejor del cineasta danés.

Terminamos, inevitablemente, contemplando el mundo con los ojos de Justine, entregados al extraño y triste placer de ver cómo la Tierra acomete sus últimos instantes de existencia, y quizá sorprendidos por que un momento sin precedentes, cargado de visiones oníricas —el inmenso astro intruso alzándose por la noche sobre el lago como una desbordada luna que cubre gran parte del horizonte—, venga acompañado de una tan suave y entregada sensación de fatalidad. Y comenzamos a intuir que, al fin y al cabo, ese estado del alma, tiene un nombre. En este caso, nombre de planeta.

Calificación: 7/10

Imágenes de “Melancolía”, película distribuida en España por Golem (fotos por Christian Geisnaes) © 2011 Zentropa Entertainments, Memfis Film, Slot Machine, BIM Distribuzione, Eurimages, Trollhättan Film AAB, arte France Cinéma y Zentropa International Köln. Todos los derechos reservados.

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