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Críticas

«Mi nombre es Harvey Milk»: Tiempo de héroes

Una confesión previa: yo no conocía a Harvey Milk, ni siquiera sabía de su existencia —consecuentemente, y menos aún, de su relevancia como personaje—. Pero, tras una rápida ojeada por diversos puntos de la Red, me sorprende que, hasta la presente, nadie hubiera dedicado una película a plasmar en celuloide la vida de un personaje tan sui generis, tanto por su carácter como por la trascendencia de su trayectoria y sus logros. En ese sentido, la iniciativa de Gus Van Sant no hace más que reparar una suerte de omisión poco explicable. ¿Y cómo lo hace? Pues de manera bastante solvente aunque, eso sí —y dicho sea sin ánimo de demérito alguno—, con estricta atención a los cánones más convencionales del lenguaje cinematográfico.

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Porque «Mi nombre es Harvey Milk» se trata de un biopic que se mueve, en todo momento, dentro de los márgenes de la narración estándar: un buen manejo del tempo y el ritmo, sobre la base de una estructura narrativa no por manida (el protagonista narrador que va desgranando los avatares de su existencia, ilustrados secuencia a secuencia) menos eficaz; un uso bastante atinado de un abanico amplísimo de registros fotográficos, que juegan a la recreación de las imágenes de ficción como si fueran reales, sometidas permanentemente a un «formateado televisivo» (en tamaño, grano y definición); un manejo del elenco en el que, pese a la predominancia absoluta de su protagonista (comme il faut, tratándose de una biografía), no impide una coralidad muy conseguida; y una recreación de una época (los años 70) y un espacio (el San Francisco de entonces) muy logrados a través de una dirección artística notable. Una propuesta, en suma, de solvencia técnica más que contrastada y que, en consonancia con tales condiciones, se ve sin el menor empacho ni aburrimiento pese a su generoso metraje.

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¿Alguna objeción o matiz? Es probable que un personaje tan a contracorriente como Milk, una especie de adelantado a su tiempo, se hubiera encontrado más cómodo en un relato de corte underground, menos convencional y en unos márgenes más coherentes con la figura retratada. Pero esta no deja de ser una mera suposición, que sólo se podrá verificar si algún director, algún día, asume la misión de ofrecer un filme sobre Milk de otro corte formal. Lo que no se mueve en un terreno especulativo, sino que se trata de una apreciación basada en lo visto en pantalla, es la impresión de que el tratamiento del personaje de Harvey Milk es excesivamente condescendiente, demasiado desprovisto de aristas negativas. ¿Obedece eso a la realidad de tal personaje? Es complicado pensar que, en la trayectoria de alguien tan histriónico y destacado, no hubieran puntos menos amables y bondadosos. En todo caso, es una opción del guión la de soslayar los mismos. Puede gustar o no, pero su resultado atañe más a un aspecto colateral a lo estrictamente cinematográfico (la fidelidad a las circunstancias reales del biografiado) que a la propia sustancia de la cinta.

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Más allá de las objeciones o matices apuntados, cerrar la reseña sobre esta película sin hacer mención al trabajo de Sean Penn sería descabellado. El trabajo es bueno, francamente bueno, pero también hay que tener en cuenta que el personaje se ajusta de manera extraordinaria a sus dotes actorales: sensibilidad a flor de piel, carisma e impulsividad. Hubiera sido muy complicado que un actor como Penn no hubiera bordado un personaje como este. Le lloverán los reconocimientos y, sin duda, serán merecidos. Pero a mí me impresiona más el trabajo adusto y en la sombra, inesperado y en segundo plano de James Franco, complemento de verdadero lujo para una composición actoral brillante.

En definitiva, habría que concluir que son muchas más las luces que las sombras que proyecta esta propuesta. Si Gus Van Sant quería homenajear a un personaje y a la causa que éste capitaneó, lo ha conseguido muy dignamente. Si quería hacer una película bien construida y que despertara el interés del espectador, también. La única duda que me resta, es saber si el que vemos en pantalla fue el auténtico Harvey Milk. Aunque eso, ¿quién podría saberlo? Y, en última instancia, ¿qué importa?

Calificación: 7/10

En las imágenes: Escenas de “Mi nombre es Harvey Milk” – Copyright © 2008 Focus Features, Axon Films, Groundswell y Jinks/Cohen Company. Fotos por Phil Bray. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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