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«Mi semana con Marilyn»: Cuando la compasión supera a la pasión

Críticas

«Mi semana con Marilyn»: Cuando la compasión supera a la pasión

Simon Curtis trata de resucitar la dulzura y la inocencia de Marilyn Monroe a través de Michelle Williams. «Mi semana con Marilyn» es una película amable y complaciente que levanta más compasión que pasión hacia la actriz.

A partir de los recuerdos de un joven ayudante de dirección, Simon Curtis hace su particular semblanza de Marilyn Monroe y nos deja un retrato dulce y humano de la actriz. Ciertamente «Mi semana con Marilyn» (ver tráiler y escenas) no pasa de ser un brochazo un tanto ligero y sin pretensiones, pero consigue transmitir, desde la anécdota de un romance surgido durante el rodaje de «El príncipe y la corista»  (Laurence Olivier, 1957), toda su vulnerabilidad y también la evanescencia con que se tejen los sueños en Hollywood. Apenas hay dramatismo y todo es suave y placentero, quizá como la propia actriz, porcelana frágil e insegura, siempre proclive a romperse y a rehacerse si encontraba un poco de cariño a su alrededor.

En su trabajo de Pigmalión, Curtis trata de que Michelle Williams resucite al icono más glamouroso de Hollywood, y en cierto modo que su propia belleza nos haga olvidarla. Su caracterización física por maquillaje, vestuario y peinado está bastante lograda, aunque Williams «no sea ella» —Stanislavski está muy presente en la cinta— ni tenga la frescura de Monroe, pero mejor aún son su interpretación y sus reacciones infantiles que siguen reclamando el cariño que no tuvo, de mujer un poco simple e inocente que no estaba preparada para la fama, de alma perdida entre el capricho y el barbitúrico. Porque, con método o sin él, Williams se mete en su piel y nos da más pena que placer en su hermosura, nos reclama más comprensión por su infelicidad que envidia por su éxito.

Su dulzura, inocencia e instinto natural es también lo que atrae a Laurence Olivier durante el rodaje, aunque se niegue a reconocerlo por razones de método —Vivien Leigh tuvo parte de la culpa— u otras más personales —Arthur Miller fue el responsable—. Algo parecido sucede a Colin Clark —el ayudante de dirección y autor de la novela autobiográfica en la que se basa la película—, pese a que en este caso prime su perspectiva de joven enamorado y deslumbrado, o de quien requiere que alguien crea en su talento para una carrera que comienza. Por eso, en cierta medida esa semana con Marilyn se convertirá en el encuentro de dos personas que necesitaban tener a alguien de su lado, que sintonizarán al sentirse incomprendidas y vacilantes en su camino, y que se admirarán por su talento —él a ella— o por su familia —ella a él—.

Si Williams cumple con creces en su papel de mujer frágil y ligera, inocente y encantadora, Kenneth Branagh nos deja un buen trabajo, si bien algo histriónico y oliveriano. De Eddie Redmayne nos quedamos con su mirada de veinteañero apasionado e idealista, y Emma Watson demuestra que hay vida más allá de la saga «Harry Potter». Buena ambientación de época y cuidada fotografía para esta postal dulce y contenida, y un guion que destila gotas de sarcasmo anti-sindicalista y que se mete entre los pliegues de una industria que devora a sus hijos, que nos recuerda la impuntualidad e incapacidad para memorizar papeles de Monroe, y que vuelve sobre los métodos de interpretación y la necesidad o no de meterse en el personaje.

En cualquier caso, Curtis acierta a capturar la esencia de la estrella y nos deja una película amable, complaciente con el espectador y la propia actriz —levanta más compasión que pasión— y que no tiene por qué defraudar a sus fans al estar hecha con cariño. Quizá con el cariño que le faltó a la pequeña Marilyn Monroe en su infancia.

Calificación: 7/10


Imágenes de «Mi semana con Marilyn», película distribuida en España por Universal Pictures International Spain © 2011 BBC Films, Lypsync Productions, Trademark Films, UK Film Council y The Weinstein Company. Todos los derechos reservados.

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