“Midnight in Paris”: Un viaje de ida y vuelta al amor

Escrito por el 16.05.11 a las 0:05

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En “Midnight in Paris”, Woody Allen da más de lo mismo. Una película entretenida pero no brillante, un divertimento ligero y poco ácido para pasear por las calles de París en busca del amor y de la inspiración.

Hace ya tiempo que Woody Allen no nos depara sorpresas en su cita anual, y eso para unos es algo bueno mientras que para otros es síntoma de agotamiento. Su último trabajo es una declaración de amor a París como en su momento “Manhattan” (1979)  lo fuera a la Gran Manzana, y también un paseo turístico por la capital francesa y su historia, como la reciente “Vicky Cristina Barcelona” (2008) lo fuera por la Ciudad Condal. Quizá sean peajes de producción o acercamientos a un público europeo que siempre ha sintonizado mejor son su pesimista, cansina, cínica y ácida visión del mundo. Y quizá también por eso busque en “Midnight in Paris” (ver tráiler y escenas) y en las noches de lluvia parisinas la renovación e inspiración nostálgica para irse al pasado y quedarse a la vez en el presente.

Así es Allen y así es su personaje Gil, guionista mediocre y aspirante a escritor, inseguro e insatisfecho permanente, necesitado de lugares mágicos para encontrar estímulos creadores y de un equilibrio entre lo racional y lo sentimental para enamorarse de verdad. Perplejidades y paradojas de un escritor que no para de revisar sus textos buscando la perfección de sus admirados Ernest Hemingway o F. Scott Fitzgerald, de un hombre que no siente la eternidad al amar a su novia Inez. Su viaje en busca de la felicidad lo transportará a los años veinte para conocer a todos sus ídolos literarios y artísticos, y también a su musa romántica Adriana. Una road movie que Gil recogerá en su novela de la misma manera que Woody Allen lo plasmará en el celuloide, para terminar a la manera hollywoodiense. Y eso sin cesar de lanzar sus dardos sobre esa mediocridad que genera la Meca del Cine.

El director de “La rosa púrpura de El Cairo” (1985) sigue huyendo de la realidad porque no le satisface y porque el amor ideal sólo se encuentra en el imaginario del creador, algo que debe ser cualquier enamorado y cualquier artista, en cierto sentido: crear un universo donde todo cobre un sentido nuevo, donde las mismas palabras o notas musicales lleguen empapadas de sentimientos vivos y de encanto embriagador. Esa es la ensoñación de Gil durante las noches en que se hizo amigo íntimo de Hemingway, Fitzgerald, Picasso, Dalí y Buñuel al ser transportado al París bohemio de los años veinte. O cuando, arrastrado por su amor a Adriana, se fue a la Belle Époque de Lautrec, Degas y Gauguin, para finalmente regresar a su siglo renovado y seguro de sí mismo, y poder amar por algo más que coincidir en el gusto por la comida india.

Como siempre en una película de Woody Allen, el guión es ágil e ingenioso en su estructura fantástica, fresco e inteligente en sus diálogos, dinámico y transparente en su puesta en escena. Prueba de ello es la naturalidad con que Gil emprende cada noche su viaje con la mayor pureza e ingenuidad imaginable. También como siempre, el cineasta recurre a estereotipos para crear sus personajes, aquí retratados con todos los tópicos populares de cada escritor o pintor en una galería interminable y repetitiva, en la que el espectador está más atento de ver quién aparece y si le reconoce. Aunque pueda responder a una crítica sutil y sagaz acerca de la mirada turística y llena de clichés del americano que llega a Europa, no deja de ser una simpleza agotadora. Por otro lado, los personajes actuales le sirven para lanzar sus pullas contra los republicanos, los guionistas de Hollywood o los psiquiatras, constantes en su cine.

En definitiva, estamos ante una nueva comedia que no da ni más ni menos de lo acostumbrado por su autor, con un Owen Wilson bastante entonado en el papel de alter ego romántico del cineasta, bien acompañado por Marion Cotillard Rachel McAdams como dos mujeres para dos épocas. Los secundarios de lujo como Kathy Bates, Michael SheenAdrien Brody o la mismísima Carla Bruni son muy secundarios, quizá también por exigencias para una amplia y buena promoción. Una película entretenida pero no brillante, un divertimento ligero y poco ácido para pasear por las calles de París en busca del amor y de la inspiración. Y también un viaje de ida y vuelta para nostálgicos de un Woody Allen que hace veinte o treinta años dio todo lo que tenía que dar, y que ahora se repite con sus vueltas al pasado.

Calificación: 6/10

Imágenes de “Midnight in Paris”, película distribuida en España por Alta Classics © 2010 Mediapro, Versátil Cinema y Gravier Productions. Todos los derechos reservados.



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2 - Pep - 21:16 - 08.06.11

Me ha parecido una de las más digeribles películas del Allen. Combina la realidad con la fantasía, en un Paris, ( es una pega que le pongo al film) que tiene una imagen como de polvo en suspensión, una foto deslucida y desdibujada, bajo mi personal punto de vista.
Me ha gustado por otras cuestiones, por dominar el director al irreverente actor protagonista, y hacerlo más dócil que en anteriores cintas, por la protagonista a la que vi hace unos días en “Pequeñas mentiras…”, por la sabia elección de actores para interpretar a los miembros de la Generación Perdida,por la música…
Es una de las pelis que no te deja impasible, y que me reconcilia con el buen cine que ya empezaba a demandar.
salu2.



1 - francisco PS - 0:35 - 01.06.11

Julio Rodríguez Chico:

“Una película entretenida pero no brillante, un divertimento ligero y poco ácido para pasear por las calles de París en busca del amor y de la inspiración. Y también un viaje de ida y vuelta para nostálgicos de un Woody Allen que hace veinte o treinta años dio todo lo que tenía que dar, y que ahora se repite con sus vueltas al pasado.”

Lo siento, no puedo estar más en desacuerdo desde un punto de vista subjetivo, ni más perplejo desde un punto de vista objetivo. Voy a lo objetivo. Perplejo porque eso de que Allen dió hace 20 o 30 años todo lo que tenía que dar es algo que la realidad cinematográfica del autor contradice, o sea, que se inventa usted descaradamente un hecho inexistente para apoyar su visión particular sobre este autor, lo que quizá sea un efecto secundario del visionado del film ;-).

A mí me gusta mucho más el último Allen que el primero. Y esta película en concreto, me ha parecido una obra de arte en su propuesta sencilla. Parece natural lo que es sobrenatural y parece lógico y simpático lo que es surrealista y fantasmal. Chapó. Con este cine uno tiene para saborear pensativo unas cervezas después de ver la película, en silencio, pensando en las veces que uno también ha hablado con, no sé, Thelonious Monk.



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