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«Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina». El telefilme que soñaba con ser película

Críticas

«Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina». El telefilme que soñaba con ser película

«Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina» no supera la categoría de telefilme de calidad discutible. Se pierde la tensión del libro en favor de una mecanicidad que desaprovecha las posibilidades de la trama.

El éxito de la saga «Millennium» cogió por sorpresa a todo el mundo. Nadie, absolutamente nadie (por mucho que su autor, Stieg Larsson, estuviera convencido de que iba a ser un pelotazo) podía imaginar que se iba a convertir en un fenómeno de la intensidad y extensión alcanzadas. Y viendo la adaptación «cinematográfica» de su segundo volumen, “Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, uno no puede más que reafirmarse en esa creencia.

Vamos a decirlo sin ambages: la pantalla de un cine le viene demasiado grande a esta adaptación de las andanzas de la incomparable hacker Lisbeth Salander (Noomi Rapace, de lejos lo mejor de la función) y el pintoresco periodista Mikael Blomkvist (un ajustado Michael Nyqvist que mejora al personaje literario), en busca de las raíces de la primera y en huida de los que protagonizaron un complot institucional para hundirla en su adolescencia, los mismos que ahora buscan terminar con su vida.

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Porque la película no supera la categoría de telefilme de calidad más que discutible, de esos que las cadenas compran al peso para rellenar la programación de la hora de la siesta. Más allá de las discusiones sobre la auténtica calidad literaria de la trilogía de Larsson, lo que nadie puede negar a la obra truncada del autor sueco es su capacidad para integrar innumerables giros en el argumento que mantienen al lector más escéptico atento a lo que sucede. Esa tensión, sin embargo, desaparece en la película, y todo sucede de manera mecánica, sin auténticos picos de intensidad y con una puesta en escena que sólo puede ser calificada de desganada, desangelada, meras ilustraciones que rehúyen las muchas posibilidades dramáticas de la trama. Tanto es así que, cuando en algún momento, se inserta alguna escena ya vista en la primera entrega, su solidez cinematográfica subraya aún más lo cutre de lo dado en la cinta que ahora nos ocupa.

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En un momento en el que el calificativo de «televisiva» ha dejado de ser peyorativo para una obra audiovisual (ahí están todas las magníficas series que han puesto en lo más alto la creatividad que pueden alcanzar los que trabajan en el medio), «Millennium 2» es un anacronismo, una descarada trampa comercial que ni siquiera se esfuerza en ofrecer algún valor añadido a los voluntariosos fans que, seguro, acudirán en masa a verla. Niels Arden Oplev, el director de la primera entrega, gana por goleada a Daniel Alfredson, responsable de la segunda y, curiosamente, hermano del director de esa joya —sin matices— que es «Déjame entrar». Definitivamente, creo que nos encontramos ante una muestra más de que el talento cinematográfico no es cosa que vaya en los genes, como continuamente nos demuestra la pareja Ridley ScottTony Scott… adivinen, de los hermanos Daniel y Tomas Alfredson, quién correspondería a cada cual…

Calificación: 2/10

En las imágenes: Escenas de «Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina» – Copyright © 2009 Nordisk Film, Sveriges Television, Yellow Bird Films, ZDF Enterprises, Filmpool, Film / Väst y Spiltan Underhallning M AB. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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