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«Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011)». Mendigando un poco de afecto

Críticas

«Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011)». Mendigando un poco de afecto

David Fincher consigue adaptar la novela de Stieg Larsson con una buena factura y un guión que hace que todas las piezas encajen con mayor claridad que en la versión sueca. Buenas interpretaciones de Daniel Craig y Rooney Mara.

En «Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011)», David Fincher se marca el reto de dar nueva vida al best-seller de Stieg Larsson, consciente de la dificultad de atrapar a un espectador que conoce su desarrollo y desenlace, y que recientemente ha visto la adaptación sueca de Niels Arden Oplev. No hay nada nuevo, por tanto, desde el punto de vista del argumento en esta historia de investigación y castigo de corruptos y depravados, pero sí en la manera metódica y precisa de narrar los hechos, en la construcción de atmósferas sombrías y lúgubres, en la consecución de un clímax intenso y que deja al espectador sin respiración. Lo hace no tanto por la crudeza y brutalidad de unas relaciones de violencia y abuso sexual —con imágenes fuertes y salvajes—, sino por acertar al introducirse en el seno de una familia que esconde sus secretos y miserias, en la vida de un tutor pervertido que recibe su propia medicina, en el interior de dos espíritus que buscan una justicia social pero que carecen de paz en la vida personal.

Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander tratan de investigar la desaparición de Harriet y sacar a la luz los trapos sucios de la familia Vanger. Al periodista le mueve cierto honor mezclado con orgullo herido; a la hacker, un profundo desequilibrio emocional por la vejación de algunos hombres, y una rebeldía social que le hace ajena a cualquier norma. Ambos tienen su propio código ético y también la misma soledad y falta de afecto, el mismo desencanto y vacío personal. Él hace tiempo que echó a rodar su matrimonio, y ahora tiene encuentros con la mujer que le sedujo pero que no llegó a abandonar a su marido; ella no tiene ningún amigo, y cuando lo encuentra su desengaño es mayor. Son almas gemelas que deambulan por un mundo oscuro y desangelado, entre corruptos financieros, racistas intolerantes, sádicos asesinos, pederastas y violadores. En sus vidas todo es frialdad y apenas hay sentimiento, porque han aprendido a desconfiar y a no abrir su corazón, a ejecutar todo lo que hacen con decisión y firmeza pero sin ataduras. Son justicieros de un mundo del que abominan, pero en el que sin quererlo siguen sembrando insensibilidad, amoralidad, rencor y venganza, pues lo que albergan en su interior es humillación, dolor y decepción.

Todo ese mundo interior, turbio y doloroso, asfixiante y amargo, es el que logra recoger Fincher en su película. Ciertamente está conseguido el ambiente nórdico y el clima de misterio y corrupción, gracias a la fotografía de Jeff Cronenweth o a la evocadora banda sonora. Pero sobre todo importa el aire que respiran Mikael y Lisbeth —con buenas interpretaciones de Daniel Craig y Rooney Mara, que casi nos hace olvidar a Noomi Rapace—, o vislumbrar sus heridas sangrantes del pasado y sus anhelos imposibles de futuro. En ese sentido, es magnífica la caracterización de sus vidas en el primer tramo de la cinta, y convincente la manera con que se inicia su relación entre la desconfianza y la necesidad, hasta el momento en que se reconocen como semejantes en su infortunio, en que unen sus vidas y se lanzan al esclarecimiento del crimen. Más cuestionable es el desenlace de la subtrama financiera —acelerada crónica televisiva, aunque narrada con un montaje sintético claro y eficaz—, y descorazonador el panorama con el que la cámara abandona a Lisbeth —en una de las secuencias más dolorosas y con mayor fuerza silenciosa—.

Fincher es un buen y enérgico narrador, un constructor de imágenes potentes, y lo demuestra desde los créditos, con esos cuerpos y rostros embadurnados, fundidos, diluidos en la negrura como si desde el inicio estuvieran ya enfangados en el lodo de la miseria. La planificación es rigurosa y nada en ella es fortuito, con un montaje seco y dinámico que hace avanzar la historia sin que nos perdamos entre tanto personaje y subtrama. El guión, por su parte, hace que todas las piezas encajen con mayor claridad que en el filme sueco, haciendo un magistral uso del fantasma de Harriet para adentrarse en el imaginario del espectador. Buena factura —con algunos excesos al mostrar sin reservas lo escabroso— para unas patológicas obsesiones familiares, para unos justicieros decididos a enfrentarse a una estructura corrupta, y unas almas que vagan por un mundo perdido mendigando un poco de afecto.

Calificación: 7/10


Imágenes de «Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres», película distribuida por Sony Pictures Releasing de España © 2011 Columbia Pictures, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Scott Rudin Productions y Yellow Bird Films. Todos los derechos reservados.

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