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«Moonrise kingdom»: La playa de la infancia

Críticas

«Moonrise kingdom»: La playa de la infancia

El universo mostaza de Wes Anderson explota en un relato de enorme madurez en defensa de la inmadurez. El director continúa explorando nuevos terrenos con un thriller romántico a pequeña escala narrado con virtuosismo y actores perfectos.

De pronto, uno recuerda cuando era pequeño y fantaseaba con campamentos imaginarios mientras pasaba el verano en la calurosa ciudad y en el cuarto de siempre. También aquellos tomos encuadernados en tela con el “Manual de Los Jóvenes Castores”, que con su estética de boy scout y gorro de mapache enseñaban desde historias aleccionadoras hasta trucos básicos de supervivencia. Esta retahíla nostálgica viene a cuento porque, precisamente, “Moonrise kingdom” (ver tráiler y escenas) es un cuento que, como las mejores películas, consigue hace retroceder el estado de la mente y el corazón a algún rincón bendito de la memoria. Puede que la deriva de Wes Anderson con esta acción de dos niños enamorados y en fuga continua no parezca un paso natural en su trayectoria, cuando en realidad se demuestra a sí misma como lo más acertado.

Después de la soberbia lección otoñal y con personajes animados de “Fantástico Sr. Fox” (2009), con la que “Moonrise kingdom” comparte un paisaje de naturaleza decadente sobre el que destaca el ánimo de superación de los protagonistas, Anderson regala el romance menos idealizado y más puro posible. Si ya a lo largo de su trayectoria se ha ido consolidando como narrador de imaginarios superpuestos a la grisácea y reconocible realidad —desde las obras teatrales de los niños Tenenbaum hasta el estampado animal del equipaje Louis Vuitton de “Viaje a Darjeeling” (2007)—, aquí se posiciona de modo rotundo y definitivo del lado de esa versión infantil de sus típicos personajes adultos. Éstos, ya crecidos de cuerpo, mantienen una confianza en su inmadurez que nada tiene de mito de Peter Pan, sino de consciente opción vital.

Más bien en el punto de encuentro entre Salinger y las tiras de Peanuts, entre los cuentos de Kelly Link y los dramas románticos de Isak Dinesen. Anderson no siente ninguna incomodidad en ese archipiélago de supuestas separaciones entre infancia y madurez, temeridad y responsabilidad, por el que reman niños, padres y tutores, todos con sus respectivos uniformes. El microuniverso que Anderson dibuja, dotado de una lírica única que viaja más allá de lo estético, se alimenta con precisión del aliento cinematográfico de los sesenta —época que retrata como periodo de niñez privada, no realista, muy vinculada a Truffaut y referentes confesos como «Melody» (Waris Hussein, 1971)—; de ardides narrativos metalingüísticos, humor absurdo y doloroso, y, por encima de todo, el recuerdo idílico que todo niño atrapado en la gran ciudad querría conservar de sus largos y cálidos veranos.

Calificación: 10/10


Imágenes de “Moonrise kingdom”, película distribuida en España por Alta Classics © 2012 American Empirical Pictures, Indian Paintbrush, Moonrise y Scott Rudin Productions. Todos los derechos reservados.

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