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«Mr. Nice»: El camello es la estrella

Críticas

«Mr. Nice»: El camello es la estrella

«Mr. Nice» es un biopic que sigue los pasos esperados y en el que nada es especialmente aborrecible, nada particularmente destacable. Rhys Ifans está convincente, y Luis Tosar y Elsa Pataky pasan completamente desapercibidos.

La estructura de ascenso, caída y final con sabor de redención es la estructura-arquetipo de todo convencional biopic de estrella del rock que se precie. En el caso del aquí biografiado Howard Marks, alias —uno de tantos— ‘Mr. Nice’, la diferencia con el modelo es poca o inexistente: traficante a gran escala, licenciado en física nuclear por Oxford, espía, fugitivo, profesor, músico, monologuista, escritor y filósofo, sus múltiples facetas hacen de él perfecto candidato para el retrato propio que mereciera cualquier astro de la música dentro y fuera de los escenarios.

De hecho, es sobre las tablas que Marks, interpretado por un siempre convincente Rhys Ifans, comienza a contar un relato metódicamente articulado desde el flashback. Lo que viene después, pocas variaciones ofrece respecto a lo ya conocido, esto es, un recorrido sistemático que sigue la hoja de ruta del género más acomodado, un paseo sin sobresaltos por los grandes éxitos de una vida teñida de cierta épica heroica. «Mr. Nice» (ver tráiler) no es capaz de sorprender más allá de su extraña combinación de elementos: que la banda sonora del siempre magnético Philip Glass se alíe con una historia que enaltece a su héroe con más entusiasmo que pasión al tiempo que vindica una revisión de la legalidad en torno al consumo de drogas, no deja de ser una bizarra suma que no trasciende en ningún resultado concreto. Nada especialmente aborrecible, nada particularmente destacable, ni siquiera las desconcertantes presencias de Luis Tosar en el papel de policía latinoamericano o de Elsa Pataky como primera esposa de Marks, ambos completamente intrascendentes en un reparto en el que sólo un enloquecido David Thewlis se asoma para dar réplica a Ifans.

Recadero en el taller de marionetas de Jim Henson, director de la celebrada «Candyman: el dominio de la mente» (1992) y consumado adaptador de obras de León Tolstoi, Bernard Rose ya probó en «Amor inmortal» (1994) las mieles del biopic nada menos que con Beethoven —actualmente prepara una cinta dedicada a Paganini—. Tal diversidad curricular, sumada a la corrección intrascendente de «Mr. Nice» hacen pensar en Rose como ese chico para todo que despierta pasajera curiosidad, pero que ni siquiera levanta expectativa alguna que pueda superar o defraudar desde su tono inequívocamente apelmazado, lineal.

Calificación: 6/10


Imágenes de la película “Mr. Nice” © 2010 Independet, Kanzaman y Prescience. Todos los derechos reservados.

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