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«My father, my lord»: La naturaleza de la fe

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«My father, my lord»: La naturaleza de la fe

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«My father, my lord» es una película reposada que consigue sus mayores logros en la inocencia en el rostro de Ilan Griff, en la dialéctica que establece entre el medio natural y el imperativo construido con la coartada de la fe.

Un rabino (Assi Dayan) ahoga con su devoción un hogar completado por una mujer sumisa (Sharon Hacohen Bar) y un hijo obediente (Ilan Griff), pero también fascinado por el mundo más allá de la fe, por las manifestaciones de la naturaleza o aquella sensibilidad del mundo que no recoge la Torá. «My father, my lord» no es la entonación grave de la fatalidad de Larry Gopnik en «Un tipo serio» (Joel y Ethan Coen, 2009), pero no anda muy lejos de la discrepancia intergeneracional entre Krusty ‘El payaso’ y su padre en el episodio «De tal palo, tal payaso» (1), de «Los Simpson» (1989-), ni de la que encarnaran Al Jolson y Warner Oland en «El cantor de jazz» (Alan Crosland, 1927). En realidad, y como en los dos últimos ejemplos mencionados, David Volach habla de la religión como asfixia de los afectos familiares, al menos cuando esta se significa en las formas de la intolerancia.

«My father, my lord» expone los argumentos ya consabidos con concisión —su metraje apenas alcanza la hora y cuarto—, con sensibilidad y desde la tragedia. El preludio ya anuncia una desdicha que luego revelará su crueldad, pero que nunca se sirve con desgarro dramático y sí desde la sutilidad que se alía con la observación de la naturaleza, aplicada desde los ojos del niño protagonista. De hecho, es de una mitzva (2) que implica la naturaleza de donde nace la enseñanza moral alrededor de la que gravita la cinta: la «expulsión del nido» que el padre aplica ante un hijo que no entiende, semilla del drama que vendrá después. Es entonces cuando la cámara de Volach consigue sus mayores logros, en la inocencia en el rostro de Ilan Griff, en la dialéctica que establece entre el medio natural —la llegada al Mar Muerto, el perro desconsolado en la ambulancia— y el imperativo construido con la coartada de la fe.

Cuestiones de fe y naturaleza a un lado, esta es una película que no ejerce la misma contención y sabiduría en sus elecciones estéticas. El Jerusalén pasado por el filtro digital tiene aquí identidad propia, y Volach alega una búsqueda de la materialidad de los cuerpos en su filmación de los personajes. Sin embargo, más de un pasaje inspira la duda de la gratuidad de la cámara en mano, y recursos como la intromisión de la cámara subjetiva o el montaje en cenital que observa al niño deambulando en una habitación, apuntan a un artificio lejano a la verdad natural de los mejores momentos del filme.

Calificación: 6/10

(1) Episodio 6 de la temporada 3 de Los Simpson.
(2) Deber religioso.

En las imágenes: Fotogramas de “My father, my lord” – Copyright © 2007 Golden Cinema, EZ Films y Sophie Dulac Distribution. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.

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