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«No mires para abajo»: Manual de sexo tántrico

Críticas

«No mires para abajo»: Manual de sexo tántrico

Eliseo Subiela firma un cuento sencillo y estilizado en el que la sexualidad constante de la pareja central prácticamente ni llama la atención a pesar de lo explícito, tal es la fría delicadeza que todo lo empaña. 

Eloy (Leandro Stivelman) es un joven bonaerense de 19 años que colabora en la funeraria familiar haciendo recados a lomos de su bicicleta. Cuando su padre fallece, su mundo se detiene en un momento en el que se encuentra en ese punto en el que ni se siente un niño, ni se siente un hombre. Y entonces conoce a Elvira (Antonella Costa), una hermosa muchacha que pondrá su mundo patas arriba cuando decida que quiere convertirle en el mejor amante que jamás haya existido. “No mires para abajo” aparece ante el espectador como un cuento más íntimo que intimista, como un pequeño retablo independiente que se aísla a sí mismo de todo cuanto le rodea para centrarse casi exclusivamente en la pareja central, enfrentada y confrontada a quienes pululan a su alrededor, apenas un par de seres materializados de distintas generaciones y concepciones, amén de los aburridos espíritus que el joven Eloy contempla, entre la curiosidad y el temor, a las puertas del cementerio que le ve pasar cada día.

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Es una fábula sobre el despertar al sexo, y a través de él a la propia vida y a la conciencia de la muerte del ser más querido. A lo que hay más allá de nosotros mismos y de nuestros pequeños cosmos particulares. Con un tono manso, el realizador consigue sin escandalizar preñar el metraje de escenas de sexo rodadas con un excesivo distanciamiento, de suerte que el acto en sí mismo resulta un tanto frío bañado en un lirismo excelso y ampulosamente excesivo, alejado de la sudorosa verdad del erotismo desenfrenado al que Eloy y su adorada parecen, en teoría, abandonarse en un repaso involuntariamente cómico en ocasiones de las lindezas y delicias varias del seminal ─literalmente, en este caso─ Kamasutra. Todo es limpio, todo es puro, todo es cauto y precavido ─el condón es el requisito primero que la sacerdotisa tántrica impondrá a su alumno─, de suerte que pareciera eventualmente que el palco absorbe un vídeo de orientación para adolescentes, más que una ficción propiamente dicha.

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Stivelman, a pesar de su esfuerzo integral, no consigue en ningún momento llegar a la altura interpretativa de su compañera, que llena la pantalla con su acompasada presencia cada vez que aparece en escena adornando las secuencias con la explicitud de su seductora anatomía, para nada recatada y repleta de pequeños lugares a los que el joven se aferra en su ansia de conocimiento carnal y espiritual. Más allá del dormitorio, la realidad y el sueño se diluyen ─a pesar de ciertas licencias metafóricas irrisorias e innecesarias, como la solicitud del chaval de «una tuerca para este tornillo» a la ex-amante de su progenitor─, de suerte que lo mágico, lo circense incluso, contribuye a un todo sumergido en una exacta banda sonora que invita al abandono del plano terrenal, en una sucesión de hermosos, calculados planos en los que nada falta y nada sobra, muestra del saber hacer en la disposición de un Subiela que a pesar de mostrar una reiterada incapacidad de imprimir vida propia a sus propuestas, sigue logrando que éstas cautiven con facilidad a quien observa. Y a pesar de no aportar demasiado, no es cosa fácil.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “No mires para abajo” © 2008 Pensa & Rocca Cine, INCAA, Fonds Sud Cinema, Charivari Films, Orgon Films y Pascual Condito Producciones. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.

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