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«Nowhere boy»: Antesala de lo memorable

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«Nowhere boy»: Antesala de lo memorable

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«Nowhere boy» habla de la educación sentimental de John Lennon, del germen del genio y del fenómeno. Una suerte de parcela de su recorrido vital que se ajusta a parámetros del género, pero que no descarta momentos de mágica intimidad.

Si «I’m not there» (Todd Haynes, 2007) era el biopic expresado como retrato poliédrico que trasciende lo artístico, que se inscribe en el carácter infinito —por lo que sugiere, por lo que crea, por lo que lega— de su mito, «Nowhere boy» (ver tráiler), sin pertenecer a esa raza delimitada, sabe entender la necesidad de hablar de ese sujeto sin hablar de él, de manera frontal. La idea es clara: hablar del germen de The Beatles sin nombrar una sola vez la palabra Beatle, entender la educación sentimental del genio de John Lennon sin ceñirse a más capítulos que los que interesan para entender ese principio de todo. Para compartir el plano fenoménico de la banda de Liverpool, nada mejor que «¡Qué noche la de aquel día!» (Richard Lester, 1964), para adentrarse en la esencia anárquica de los Fab four ya está «Magical mystery tour» (The Beatles, 1967).

«Nowhere boy», en cambio, no asume el mero estatus de prólogo o de perfil más o menos biográfico y/o hagiográfico. Antes que eso, pasa por estudio de personajes fundamentales en el recorrido vital de John Winston Lennon, antes de que fuera John Lennon, antes de la asociación inevitable con la carrera musical de The Beatles y de la revolución musical que empezaría en la gira por Hamburgo a principios de los 60. En esa galería de figuras capitales, es la maternidad conflictiva entre su tía Mimi Smith (Kristin Scott Thomas) y los desequilibrios de Julia (Anne-Marie Duff), madre biológica pero ausente, la que ocupa el corpus emocional que define la adolescencia dispersa, atormentada —en la medida del rebelde—. Y es en los márgenes de ese microuniverso de lecciones de guitarra, dosis de irreverencia callejera y desencuentros afectivos donde se cuenta la historia de los Beatles, aquella en la que la personalidad indómita de Lennon colisiona por vez primera con McCartney, aquella en la que los primeros ensayos en solitario de ambos crean las incipientes notas de un legado que hoy suena intemporal.

Quizá Sam Taylor-Wood no desarrolle aquí para con su obra la sensibilidad comprometida de Anton Corbijn con «Control» (2007), o la del mencionado Haynes con su desconcertante Dylan. De hecho, denota cierta intención de ajustarse a parámetros del género sin querer establecer los suyos propios. Pero a cambio, no desdeña momentos de mágica intimidad, en los que Lennon aprende a tocar la guitarra mientras el mundo avanza a cámara rápida, o McCartney —fantástico Thomas Brodie Sangster como contrapunto cándido, sensato de un convincente y temperamental Aaron Johnson— canta a la madre de Lennon una canción para su madre. Destellos memorables en una película que, precisamente, comprende su espíritu básico como la antesala de lo memorable.

Calificación: 7/10

Imágenes de “Nowhere boy”, película distribuida en España por Alta Classics © 2009 Ecosse Films, Film4, UK Film Council, NorthWest Vision & Media, Lip Sync Productions y Hanway Films. Todos los derechos reservados.

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