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«Número 9»: El alma del nuevo mundo

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«Número 9»: El alma del nuevo mundo

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Una alegoría de tono apocalíptico, pacifista y ecologista sobre la decadencia del género humano. Interesante e imaginativa factura, con unos muñecos de texturas cuidadas y dotados de expresividad e inocencia asombrosas.

La guerra y la ambición sin límites han traído la destrucción al mundo de los hombres, y sólo unos muñecos de trapo creados por un científico arrepentido permanecen con vida. En ellos queda un vestigio de humanidad y esperanza para construir un mundo mejor, siempre que logren acabar con la Máquina infernal que se ha adueñado del planeta y que domina con la fuerza a unos y con el miedo a otros. Ese es el panorama post-apocalíptico y desolador recogido por Shane Acker —a partir de su propio cortometraje— y ese el mensaje transmitido en «Número 9», una película de animación con altas dosis de aventura y una extraordinaria ambientación que nos traslada al universo de Tim Burton —aquí en tareas de producción— y que nos previene del cientificismo orgulloso y al margen de la ética, así como del progreso sin valores humanos.

Con fogonazos de un pasado en flashback que apunta al nazismo, a una ciencia al servicio del poder corrupto, con cielos cargados de gases irrespirables y el paisaje ruinoso y catastrófico de un mundo dominado por máquinas y bestias destructoras, el contraste llega de la mano de un muñeco de trapo con el dorsal 9 a la espalda y la voz de Elijah Wood, de nuevo aventurero y salvador. Él es la versión más avanzada, la más humana de la nueva vida que queda en la Tierra, porque ha recogido todo el arrepentimiento y el deseo de reparar de un padre-científico que en sus tiempos pecó de soberbia intelectual. Su amistad y lealtad, su valentía y generosidad, su amor y compasión serán el arma para desactivar a las fuerzas del mal, a la vez que conquista el corazón de Número 7 —heroína al estilo Spiderman, con la voz de Jennifer Connelly—, el reconocimiento del temeroso y autoritario Número 1 —Christopher Plummer— y también la admiración del resto de congéneres atrapados en un mundo deshumanizado.

Los tonos grises y sepia de unas atmósferas asfixiantes, la música persistente e irrespirable que no cesa en todo el metraje, los movimientos aéreos de cámara o sus dramáticas angulaciones, el ritmo trepidante de esta épica de trapo y ojos saltones… todo contribuye a dar cuerpo a una historia desasosegante y que se hace pesada por el carácter excesivamente discursivo y pretencioso de su guión. Poco oxígeno y emotividad —ni siquiera deja un mínimo desarrollo al incipiente amor entre 9 y 7—, mucha complicación y metáfora argumental para hablarnos de los miedos paralizantes y de la necesidad de buscar respuestas, de superar la superstición con «la fuente» de la verdad y la sabiduría: no hay que destruir la ciencia —la Máquina— sino aprovecharse de su «talismán» y superar el estadio de los sacrificios aniquiladores, a la vez que elevar la mirada hacia «el futuro de un mundo que está en nuestras manos» —así de pretencioso y tópico se dice en el final de la cinta, con una lluvia regeneradora— y entender que no todo termina con la muerte —quizá en la escena más conseguida.

Una alegoría de tono apocalíptico, pacifista y ecologista para contarnos una historia de decadencia del género humano y de progreso técnico, de máquinas que terminan por abducir a sus creadores… hasta que se hace necesaria una reparación. Interesante e imaginativa factura para una historia de amistad y redención clásica, con una atractiva puesta en escena y muñecos de texturas muy cuidadas, dotados de asombrosa expresividad e inocencia, ideal para los amantes del género pero no para niños, por su densidad y violencia.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Número 9» – Copyright © 2009 Relativity Media, Focus Features y Starz Animation. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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